Martina, el motor de vida de los Acosta después del horror
Los padres de Paola dicen que sienten “algo de paz” después de la condena a Lizarralde. El asesinato que conmovió a Córdoba les cambió la vida a todos. La nena se encuentra rodeada de afecto.
Martina (2 años y 10 meses) corre por el living de la casa de una de sus tías en barrio Talleres, en la ciudad de Córdoba, cuando aún continúan frescas las imágenes del juicio por la muerte de Paola Acosta, su madre. Levanta un florero con agua y unas flores ya sin brillo, lo mira mientras uno de sus parientes lo rescata de sus manos. Y sigue –pícara– su marcha. Persigue a sus primas, come un chocolate que le regala su abuela Norma (57) y se va a jugar.Luego habla y mira a su abuelo Luis (59), "Lolo" para ella, que le hace una caricia en su cabeza y le dice: "¿Cómo andás, vieja?". Martina le sonríe con toda la cara.La hija de Paola, que sobrevivió a la muerte que quiso asestarle su padre Gonzalo Lizarralde el 17 de septiembre del año pasado –cuando mató a su madre y arrojó a ambas en una alcantarilla de Zípoli e Igualdad, en barrio Alberdi–, es el centro de la vida de los Acosta. El motor de sus existencias, la que los mantiene en pie.El día después de la finalización del juicio que condenó a Lizarralde a prisión perpetua, Norma, Luis y Marina ("Maru"), la hermana de Paola, se sentían un poco más aliviados. Con algo de paz, entre tanta tristeza y la enorme ausencia.La familia ya no es la que era, ni volverá a serlo. La vida les dio un vuelco y siguen por Martina, esa nena de mirada profunda y cuerpito inquieto. "Hasta el día del veredicto sentía nervios, impotencia. Hoy siento haber cumplido con mi hija, se lo merecía. Hay un culpable que recibió su condena y salió la verdad", dice con serenidad Norma, mamá de Paola.Cuando la abuela habla de Martina, se le ilumina la cara. "Tengo que cumplir con mi hija y no decaer. Si no, ¿quién va a cuidar de ella? El motor de mi vida es mi nieta", asegura. Y recuerda que Martina recibió cuatro puñaladas y que tiene una gran cicatriz en el pecho. "Su vida estuvo en riesgo, pero tiene tanta fuerza… Su ánimo no decae", agrega.Acomodarse a la nueva realidad no fue fácil, cuenta "Maru" (25), que siempre estuvo al frente de las marchas por justicia para Paola y asistió a todas las audiencias del juicio.Para empezar, "Maru" le cedió a Martina su lugar en la casa de barrio Arenales, camino a Monte Cristo. Rubén, otro de los hermanos de Paola, le pintó la habitación de naranja, y enseguida se llenó de peluches. Entre ellos, "Achi", un perrito de tela.Luego, el Ministerio de Desarrollo Social de Córdoba construyó dos piezas y un baño y la familia se acomodó mejor. Con "Lala" y "Lolo" "Le gusta ver televisión y bailar en el comedor y en la cocina. Se apegó mucho a mi mamá, que es la que tiene experiencia como madre", plantea "Maru". Pronto saldrá la tenencia definitiva para sus abuelos. Para Martina, su abuela es "Lala". Su abuelo es "Lolo" y "lolo", también, es el nombre que le da al yogur. Con "Lala" sale a pasear, hace las compras. La familia se reparte las horas para cuidarla. "Maru" dejó su trabajo en un quiosco y Luis, el abuelo, le dedica su tiempo, como flamante jubilado. Ahora buscan una guardería o una escuelita de danzas.Martina sabe contar hasta tres en inglés, dice orgullosa su tía, y extraña a sus hermanos Agustín (17) y Tomás (14), que viven con su padre, a casi una hora de la casa de los Acosta. Se ven los fines de semana, pero la nena pregunta mucho por "Agu" y "Tom". Los extraña.Los abuelos acompañan todas las semanas a Martina al psicólogo y a rehabilitación, por sus heridas, en el Hospital de Niños. "De a poco habrá que ir contándole la verdad. Pero nos cuesta. Ella te ve con cara triste y se da cuenta", sostiene "Maru". Tan es así que los días previos a que se conociera el veredicto, la nena percibía que algo pasaba y no dormía bien. Un giro "La vida nos cambió completamente, tuvimos que dejar todo lo previsto. Apoyarlos a los tres chicos. No dejamos de pensar en Agustín y Tomás. Ellos notan más la ausencia. Martina tiene otra manera de entender", piensa "Maru". Y agrega: "Fue como si un vidrio enorme nos cayera encima y ahora hay que empezar a juntar los pedazos". Luis mira a su hija "Maru", a quien considera una "hijaza", y recuerda a Paola como una "madraza". Y se emociona.Un año y medio atrás se había retirado, después de 34 años como chofer de transporte urbano. "Hasta que esta bestia hizo lo que hizo y se me vino el mundo abajo. Arruinó mi vida y la de toda mi familia. Gracias a Martina estamos saliendo", explica."Martina 'te compra', te hace olvidar lo malo. La disfruto como padre y como abuelo", asegura. Y agrega: "Es difícil proyectar, pero hace bien saber que este tipo va a pagar por lo que le hizo a Paola". "Maru" asiente. "Nos iremos reconstruyendo", concluye.
El caso
Asesinato. El 17 de septiembre del año pasado, Lizarralde atacó a puñaladas a Paola (foto) y a Martina Acosta y las arrojó en una alcantarilla en barrio Alberdi.
Perpetua. Lizarralde fue encontrado culpable de homicidio calificado por alevosía y tentativa de homicidio agravado por el vínculo en perjuicio de su hija.

