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María Livia llenó el Orfeo con su invocación a la Virgen

La salteña vino a Córdoba para contar cómo es que "la Virgen de los Tres Cerritos" se contacta con ella. Nueve mil personas la escucharon con devoción y absoluta calma.

23 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
María Livia llenó el Orfeo con su invocación a la Virgen
MARÍA LIVIA. Una multitud colmó anoche el Orfeo para escuchar a la mujer que dice haber sido contactada por la Virgen María (Martin Baez/LaVoz).

"¡Mirá, mirá! ¡La Virgen!", le decía un señor extasiado a su madura esposa. El matrimonio se asió de las manos, como en una verdadera experiencia religiosa. Entre las nueve mil personas que anoche colmaron el Orfeo, la mayoría debe haber sentido la misma convicción al ver las "Fotos Especiales". Esas imágenes cierran el video presentación de la salteña María Livia Galliano de Obeid. En ellas se aprecia una serie de fenómenos luminosos y de perfiles difusos, atribuidos a otras tantas apariciones, no sólo de la Virgen María sino también del Padre Pío y Juan Pablo II. El escenario natural es la ya famosa loma de Tres Cerritos, un hermoso paraje de Salta capital. Allí es donde María Livia dice haber oído por primera vez a la Virgen, en 1990. "Yo sentí una voz maravillosa, la voz de una mujer, que me hablaba desde adentro. No podía verla, pero no hacía falta, la sentía dentro de mi corazón …". La Virgen hoy es parte de la vida de esta mujer común, esposa y madre de tres hijos, quien desde entonces le ha consagrado su existencia. También desde entonces se convirtió en un fenómeno que se propaga exclusivamente por el boca a boca. Buena organización. Así comienza cada una de sus conferencias, y así comenzó la que anoche brindó por primera vez fuera de Salta. Para iniciar lo que parece ser una etapa de expansión mística, la llamada "Virgen de los Tres Cerritos" eligió Córdoba capital. Eso aseguraban los asistentes al Orfeo. Una versión imposible de confirmar, porque María Livia no tiene voceros. Sin embargo, la organización fue irreprochable, con una dotación de asistentes que se ocupaba de atender y ubicar a las decenas de enfermos que se movilizaron hasta el Dinosaurio Mall. Hombres y mujeres con barbijos, pañuelos y otras evidencias de quimioterapia; movilizándose en silla de ruedas o muletas; con las cánulas propias de los enfisemas; niñitos en brazos de madres con el rostro surcado por la angustia. En ese contexto, dos cosas llamaban la atención: la mayoría de la concurrencia era aparentemente sana, e incluso de buena condición. Una evidencia más de las angustias que conmueven a la clase media, y que suele traducirse en un abanico de patologías psicosomáticas y necesidad de sostén espiritual. Intercesión. El video institucional narra su experiencia, desde 2000 en adelante. Aunque no los representa, María Livia ya pasó los 60 años. Viste con sencillez y la rodea un aura de humildad y servicio. En sus oficios no se expende ni se consume absolutamente nada. Ninguna empresa suscribe los folletos. No hay delirios místicos y la calma reina en un público compenetrado con la oración. En la platea no se veían curas ni monjas, pero alguien aseguró que "la Hermana Beatriz vino desde Alta Gracia con casi 200 personas". A María Livia le costó conseguir la aprobación, aunque sea tácita, de la Iglesia. Hoy tiene centenares de "servidores", tan católicos como ella, que no cobran un centavo por ayudar. Recibe a gente de todas partes y creencias. Su mensaje aclara que no hace "imposición de manos", sino que al tocar a los peregrinos está intercediendo ante la Virgen, madre de Jesús, para llevar paz, consuelo y amor a sus almas. No hace "milagros", ni cura a nadie. Pero sí les da fortaleza para enfrentar la enfermedad o la desgracia. El video recalca la visita a Salta de Monseñor René Laurentin, reputado "marianista" del Vaticano. El nonagenario sacerdote francés habría convalidado las vivencias de María Livia. El fenómeno de las apariciones suscita tantos creyentes como incrédulos. Pero es innegable que esta humilde mujer tiene la capacidad de transmitir tranquilidad, y que su fe es contagiosa. Es lo que su público va a buscar, y felizmente encuentra.