“Malagueño se convirtió rápidamente en mi lugar en el mundo”
Entrevista a Daniel Vecchio. Porteño de Villa Crespo, se siente cordobés por adopción. Lleva 27 años en esta ciudad, en la que hasta hace pocos días ejerció la docencia. La historia del maestro de Yocsina.
Hasta los 22 años, Daniel Vecchio (60) fue un porteño de Villa Crespo, pero su anhelo de vida era otro; y cuando comprendió que su vocación era la de enseñar, se fijó una meta y la cumplió. Una semana después de casarse con Cecilia, emprendió un viaje sin retorno con destino a Malagueño, donde fue maestro hasta hace unos días.El viernes 5, Daniel cerró por última vez las puertas de la escuela pública Gabriela Mistral, del barrio de Yocsina, y se las entregó a su sucesora en la dirección. Llegó el momento de la jubilación y el descanso, pero para Daniel se abre una nueva etapa en la que la educación no estará ausente.En febrero de 1979, casi de luna de miel, los Vecchio llegaron a un Malagueño muy diferente al actual, con pocas calles de asfalto y la fábrica de cal aún en pie en un costado del pueblo. "Venir de una ciudad tan grande como Buenos Aires a un lugar con tan pocos autos, muchas calles de tierra y poco movimiento fue bastante impactante y a la vez lindo", cuenta Daniel, que asegura que su primera meta fue abrirse a la gente para aprender su lenguaje e interpretar los modos y las maneras de relacionarse de los de acá. "Estuve atento, y lo que no sabía, más que preguntar, trataba de volver a escuchar y aprenderlo", asevera. "Me adapté con mucha facilidad", cuenta."Al poco tiempo empecé a sentirme muy identificado con las cosas de acá. Y traté de ser muy observador y adaptarme a las costumbres y a la dinámica que tenía la gente de aquí", admite. "Empecé a notar que este era mi lugar en el mundo y empecé a vivir y a pensar más adecuado a las formas que había acá, en Malagueño". En la docencia Cuando llegó, los primeros años en la docencia no fueron fáciles. "Trabajé con cierta inestabilidad porque era suplente, trabajé en escuelas de Yocsina, Malagueño y de los barrios", dice, y cuenta que su mujer empezó a trabajar unos años después como profesora de catequesis en un secundario. "En 1981, conseguí trabajo en un centro de educación de adultos de barrio La Quinta, en Carlos Paz, en horario nocturno. Eso lo hice durante 10 años", asevera.En 1993, se convirtió en vicedirector de la escuela Gabriela Mistral; y en 1999, pasó a ser el director de ese establecimiento. "En mi primera época no había maestros varones en las escuelas. Hubo antes, pero no alcancé a verlos", dice, y agrega: "La mayor parte de los años que estuve ejerciendo fui el único varón".Para Vecchio, los años frente al aula son inolvidables y de mucho aprendizaje. "Al ser único varón, era un bicho raro, pero la relación con los chicos era buenísima. Los años que estuve como maestro de grado me divertí mucho y la pasé muy bien", asevera. "Se ve que los chicos también la pasaron bien –cuenta–, porque después de 30 años me los encuentro por la calle y tienen recuerdos de anécdotas muy divertidas, y se acuerdan de lo que tenía más que ver con el vínculo". Cordobés por adopción "Yo me siento cordobés", dice Daniel, quien forjó en esta provincia una familia con tres hijos y ya tiene dos nietas cordobesas (Agustina y Nina). "Llevo casi 37 años acá. Fui aprendiendo la forma de comunicación, el humor aunque no sepa contar chistes, la música, y eso me hace sentir cordobés en todo", remarca. El lenguaje fue lo primero que le llamó la atención de Córdoba y lo que trató de adaptar para su vida. "La calidez del cordobés me cautivó de entrada", dice, y apunta que los años de escuela le dieron la apertura que necesitaba su vida y le permitieron dejar atrás la timidez. "De chico, era muy cerrado e introvertido, y a través de la profesión pude cambiar un poco eso".A Daniel se le mezclan los sentimientos cuando deja la escuela que lo cobijó durante tantos años. "Sentí y disfruté mucho mi trabajo a lo largo de mi carrera", asegura. "Dejar atrás todo esto me produce un impacto y genera una sensación dual: siento que se cierra una etapa, pero también que hice lo mejor que pude", añade.Los sueños de transformar el mundo con los que llegó a Malagueño son los mismos de hoy. "Creo que no pude transformar el mundo, pero lo cierto es que traté de hacer algo desde el aula y lo voy a seguir haciendo", dice.
Décadas como único maestro entre mujeres
El 5 de agosto dejó la dirección de la escuela Mistral, de Yocsina.
Largo camino. Daniel trabajó varios años como suplente. Luego ejerció una década como maestro de adultos. En 1993, asumió como vicedirector de la escuela Gabriela Mistral, de Yocsina, y desde 1999 hasta hace dos semanas fue director de ese establecimiento. La foto corresponde al momento de la despedida.

