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Los rankings y la cuestión de escala

A propósito de algunos rankings internacionales, que dejan fuera a la mayoría de las universidades argentinas, hay una cuestión de escala que resulta difícil pasar por alto. Juan Carlos Carranza.

26 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los rankings y la cuestión de escala

A propósito de algunos rankings internacionales, que dejan fuera a la mayoría de las universidades argentinas, hay una cuestión de escala que resulta difícil pasar por alto.

En uno de los últimos rankings mundiales de universidades, el Arwu 2010, que desde 2003 publica la Universidad Jiaotong de Shanghai, aparecen seis universidades brasileñas, dos chilenas, una mejicana y la UBA. En un primer análisis surge muy claro la abismal diferencia de presupuestos universitarios que existe entre los países latinoamericanos.

Brasil tiene un plan estratégico para la producción científica que abarca los próximos 50 años. Algunas universidades de Chile tienen asignado un porcentaje sobre la exportación de trigo, que se reinvierte precisamente en investigación para mejorar el rendimiento de este cultivo.

Los profesores argentinos que van de visita a las universidades brasileñas y chilenas vuelven extasiados por el modo en que sus colegas pueden dar clases e investigar, en las mejores condiciones posibles.

Los investigadores cordobeses cuentan que hace 25 años, cuando viajaban a congresos internacionales, el número de argentinos era muy superior al de brasileños o chilenos. Pero año a año esa brecha se fue cerrando y hoy estamos por debajo.

Alberto León, titular de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (Secyt) de la UNC, sostiene que hay determinadas acciones para mejorar, al menos, la mención de la Casa de Trejo en el contexto mundial de la investigación científica. “Hay cuestiones técnicas que pueden mejorarse.

En los trabajos científicos, la mención de nuestra universidad suele no ser homogénea, entonces se le computa menos de lo que realmente produce”, dice.

Es obvio que León admite que las citas científicas no cambiarán la situación de la investigación en la UNC, pero anticipó que se estimularán económicamente aquellas publicaciones científicas que logren ser catalogadas en los principales sitios del rubro, como Scielo o Scopus. Esta “maldita burocracia” que tanto fastidia a los investigadores argentinos, en algunas universidades brasileñas está resuelto con consultoras que hacen el “trabajo sucio”. Pero los fondos para ese rubro superan a los que tienen las universidades argentinas para investigar. Y así se hace difícil competir.