Los que ayudan todos los días entran en la temporada alta de amor y solidaridad
Dan de comer, quieren arreglar una plaza o alegrar el día. Son grupos que hacen bien siempre y trabajan más para la Navidad.
En barrio Remedios de Escalada, un changarín del Mercado de Abasto se la rebusca como puede para darles la merienda, dos veces por semana, a unos 25 chicos y a cinco adultos mayores de un asentamiento precario de Córdoba.
En la peatonal del Centro, un matrimonio y sus ocho hijos ofrecen a coro canciones al paso para cumplir un sueño: que un centenar de niños de Capilla del Monte puedan compartir una Nochebuena plena de alegría y despedir el año, todos juntos, con una cena distinta.
Mientras, un grupo de payasos, mimos, malabaristas y otras hierbas artísticas van y vienen por la ciudad haciendo morisquetas y cambiando sonrisas por golosinas; después reparten en hospitales pediátricos y refugios infantiles lo que consiguen con esa singular modalidad de trueque.
Mientras tanto, una barra de muchachos está empecinada en rescatar plazas agobiadas por el abandono y por el vandalismo. Y donde no hay patios comunitarios para que los bajitos vayan a jugar, buscan algún baldío disponible para instalar hamacas, toboganes y otros artilugios por el estilo con el propósito de que los pibes de la barriada humildes se los apropien, sin pedir permiso.
Por estos días se los vio pintando muros en un terreno que desmalezaron, con la ayuda de vecinos, en un caserío del cinturón verde, al nordeste de la Capital.
Y en la ochava de 9 de Julio y Rivera Indarte, Roque, un cartonero solitario, arregla guitarras de juguete y cachivaches que recoge de la basura y se los regala a una madre de barrio San Martín que cría a sus hijos a duras penas.
Ellos y muchos más, en silencio y sin otro afán que trabajar con denuedo para que los más débiles de la sociedad puedan sostener sus esperanzas, acrecientan el tesón cuando el año se agota. Todos lo hacen con mucho esfuerzo; cualquier ayuda la valorarán y la agradecerán.

