Los niños, sujetos de consumo
María Elena Cordera.
A la pregunta sobre qué es ser niño hoy, seguramente, desde nuestro interior, surgirán respuestas obvias y no necesariamente coincidentes con la realidad de los chicos que conocemos. Tal vez esta distancia dé cuenta de lo que fue nuestra propia infancia, aquella de juegos, de mamás presentes, de amiguitos en la vereda.
Un niño es la contracara de un adulto que sostiene, es el reflejo de la madre capaz de comprometerse en el vínculo fundante del psiquismo. Si no es así, la infancia no aparece, se diluye, quema etapas y salta a un universo para el que el niño aún no creció.
Nuestros niños son distintos. ¿Por qué? Por múltiples razones que hoy otorgan a la infancia una entidad diferente. En la actualidad, cuando el niño no terminó de crecer, los adultos apuramos su madurez para insertarlo en ámbitos extra familiares, para dejarlo solo, para conectarlo con la tecnología.
En plena etapa escolar, la adolescencia pretende adelantarse imitando a los mayores, usando las mismas ropas, concurriendo a lugares similares, practicando bailes y ensayando conductas de adultos que están al alcance de la mano con la inclusión de los medios masivos en el hogar o con los propios modelos de quienes, siendo mayores, actúan como adolescentes. En definitiva, parece que estos niños juegan el juego que les hacen jugar más que el juego que, tal vez, desean jugar.
Es el caso de estos niños que quieren salir a bailar en plena infancia, ser grandes e ir a un lugar para grandes, que quieren crecer de golpe.
Paradójico crecimiento, porque en algunos aspectos los adultos prolongamos su dependencia, retrasamos la autonomía gracias a algunas comodidades que nos brinda esta sociedad de consumo, pero en otros los escolarizamos tempranamente, los ponemos bajo normas horarias y suspendemos el juego.
Los niños son competentes en este universo tecnológico; gracias a él acceden al mundo de la fantasía especialmente creada para ellos, pero poseen pocas oportunidades de ser creadores. Los niños son sujetos de consumo porque tienen lo necesario para jugar el juego que los demás quieren, un mundo de juguetes hechos a su medida que se imponen como necesarios para ser exitosos.
*Profesora titular de Psicología Evolutiva de la Niñez de la Facultad de Psicología de la UNC

