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Los medios, en la era del cambio eterno

Una sociedad sumergida en redes sociales y bombardeada de datos requiere faros que la orienten, en medio de una sobreabundancia de información, que no es lo mismo que buena información.

05 de octubre de 2014 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los medios, en la era del cambio eterno

Tiempo de cambios profundos. Tiempo de desconcierto. ¿Tiempo de oportunidades? Muy a menudo se cae en el simplismo de deslindar en la tecnología toda la responsabilidad de esta era, donde lo único constante es la transformación.Es verdad que Internet, desde su irrupción a mediados de los años 1990 y su popularización en la última década, provocó fuertes modificaciones de comportamiento en las audiencias.Pero hay otra parte de la carga que debe ser asumida por el periodismo, cuya capacidad de adaptación fue en muchos casos muy por detrás de la evolución de la tecnología, las interfaces y los lenguajes.Es clave comprender que la acción del periodista dejó de ser una transmisión lineal, de emisor a receptor, y se convirtió en un proceso de comunicación circular, en el que todos podemos ser emisores y receptores.Esto, sin duda, obliga a redefinir la manera de entender la profesión.Es recomendable leer al español Lluís Bassets en su libro El último que apague la luz. Sobre la extinción del periodismo (editorial Taurus), un ensayo sobre este presente de los medios."A partir de ahora, quienes quieran seguir deberán pensar en cambiar de oficio o en cambiar radicalmente el oficio, que quiere decir cambiar ellos mismos", sostiene Bassets.Ya los paradigmas del periodismo han cambiado.Nada es tal cual lo conocimos. Las noticias no surgen, necesariamente, desde los medios.Están los medios formales e informales; periodistas agrupados o independientes que ofrecen información. Pero hay otros protagonistas, como las redes sociales.Además, hay una cuestión de lenguajes: la escritura sola no garantiza la atención de la audiencia. Un modelo audiovisual va ganando terreno sin pausa en las redacciones, como otro modo de mostrar la realidad.Lo mismo ocurre con lo que se conoce como periodismo de datos, una forma de sacar a la luz información que el poder quiere mantener oculta.Seguramente estos son los cambios más importantes, la transformación que trastroca muchos modos del periodismo.Y es definitiva. No admite marcha atrás. El periodismo ya dejó de ser discursivo y ahora se construye con diálogo y conversación. Porque la red ha democratizado la posibilidad de ser a la vez receptor y emisor, de ser consumidor y productor de contenidos (prosumidor) Todos somos consumidores de información que requerimos: Multiplicidad de canales. Inmediatez. Interactividad. Y hasta, si se quiere, ser capaces de limpiar el ecosistema de rumores.Silvina Moschini, una consultora argentina radicada en Miami, directora de Intuic, columnista de CNN y el diario La Vanguardia , decía: "Lejos de ser enemigos de los medios, las redes sociales son las mejores aliadas para conectarse con más y más lectores".El mundo se ha vuelto tremendamente interesante para un ser humano "infornívoro", que vive de forma apasionada las ricas posibilidades que el mundo actual le ofrece en este sentido. Así, puede que la multitarea no sea más que un signo de adaptación al entorno abundante que vivimos.El desafío para el periodismo es encontrar en este cambiante ecosistema un nuevo lugar, desde el cual seguir siendo relevante. Pero mantener sus valores: verdad y precisión, independencia, equidad e imparcialidad, humanidad y responsabilidad.Porque, al final, una sociedad sumergida en redes sociales y bombardeada de datos requiere faros que la orienten, en medio de una sobreabundancia de información, que no es lo mismo que buena información.De esto y de otros avatares de esta nueva era, tratará esta columna. De cómo nos vemos los periodistas, de cómo nos ve la gente.Porque, en efecto, es tiempo de cambios profundos. Y hay desconcierto. Pero también, sin duda, hay esperanzas para un periodismo que decida repensarse, de la mano de su audiencia.