"Los jóvenes de hoy viven en un estado de pantalla"
Josefina Semillán dice que los chicos perciben la realidad como un todo: van a un punto y hacen clic.
Josefina Semillán está convencida de que las redes sociales son un espejo de lo mejor y de lo peor de la condición humana y que hoy están cambiando la manera de relacionarse. Pide a los adultos que no se enojen con la tecnología, y que busquen la manera de achicar la brecha generacional. De visita días tras para participar del ciclo de conferencias de Fundación Osde y Radio Mitre, la reconocida filósofa y antropóloga dialogó con La Voz del Interior sobre la percepción del mundo de unos y otros. Para Semillán, el nudo radica en que los jóvenes viven en "estado de pantalla", perciben la realidad como un todo y no en partes sucesivas. Nos dicen cosas que no logramos decodificar y caminan al borde de la incertidumbre. –¿Las diferencias generacionales son cada vez más grandes? –Cada época formatea culturalmente a los sujetos que nacen en ese ciclo y momento de la historia. Las diferencias generacionales no son culpa de unos ni otros, se dan. Estos chicos conforman una generación que está conviviendo desde siempre con la tecnología, como mínimo con la televisión aun en lugares precarios. Es lo que se llama vivir en estado de pantalla. Los jóvenes hoy tienen una percepción de la realidad que no es en partes sucesivas, que hacen un conjunto descriptivo, típico de las generaciones pre 1970, llamadas generaciones alfabéticas. –¿Cómo se vincula esta generación con la de los jóvenes? –Nosotros padres, profesores y adultos tenemos que dialogar con sujetos que en absoluto funcionan así porque están en situación de pantalla. Perciben una realidad como la de la pantalla, que es una estructura compleja, con múltiples elementos, íconos, letras, sonidos, iridiscencia y que es lo que se llama una atención global, estructural y configuracional. Ven la totalidad no por partes sino en un flash atencional, van a un punto concreto y hacen clic. Mientras nosotros vamos haciendo un análisis parcelado, sucesivo, juntando argumentación, datos, consecuencias. –¿Cómo deberían acercarse los adultos a los jóvenes? –Lo primero es conocerlos y tener conciencia de las diferencias, que no son abismos. Somos complementarios. No hay que estar jugando a la cosa necia de generación mejor o peor: es diferente y complementaria. Mientras uno hace un análisis lento, el otro –como un rayo veloz– tiene una atención concentrada, corta y puntual. Y nosotros empezamos a debatir con ellos con grandes introitos y poniendo el tema en posición, mientras ya ninguno está atento. Luego, vamos al nudo central porque sacamos conclusiones. Los jóvenes de hoy detestan los grandes introitos y las moralejas. No porque no lo valoren sino porque funcionan de otro modo. –¿Qué nos están diciendo las nuevas generaciones? –Cada generación ha sido contestataria o contracultural, cada generación ha tenido que leer (su época) y hoy la lectura más interesante es la de los cuerpos, la de los gestos, el modo de vestirse, la estética de los cuerpos. Hoy tenemos alumnos murales vivos que inscriben en su cuerpo cosas silenciosas que están a la espera de respuesta. Están diciendo cosas: tienen códigos, tienen perforaciones, tatuajes, inscripciones, colores, crestas hirsutas que apuntan al universo de múltiples colores, agujeros. La moda de los agujeros es mucho más que una moda o, mejor dicho, como toda moda tiene antes una contracultura, una simbología. El agujero es el borde de una nada, de un vacío. Estas generaciones sienten que caminan por un borde de altos niveles de incertidumbre. Cuando hablan te dicen "me ningunean". Quieren decir yo existo, tengo entidad y no existo no figuro. Fijáte en el turismo aventura: los jóvenes no hablan de felicidad hablan de adrenalina. Pero es el adulto el que arma un paquete turístico que les garantiza que van a experimentar el borde de la muerte y que se sentirán vivos en una picada al borde de la cuadriplejia. El borde es una experiencia de la nada que se merodea por su costado transitable. Por eso el exceso, el amor a mil, la bebida a mil, compactando tiempo. El tiempo nuestro ha sido un tiempo de esperar, construir, lograr... Ellos quieren ya todo. –¿Cuánto están cambiando las relaciones humanas las redes sociales? –Yo creo que mucho. En las redes sociales aparece un muestreo de todo lo mejor y peor de la condición humana, porque un medio con un soporte interesante lo podés usar para difamar, para corromper. Lo que hay que evitar en los adultos es que se enojen con el soporte. No es el libro electrónico o el libro en papel; van a convivir los dos y cada uno va a elegir el que quiera. Los antagonismos tribales de uno u otro revela una rivalidad perniciosa. Se murió el "y" o el "o"; es "con" el libro electrónico, "con" las redes sociales, "con" el teléfono, "con" tu carta arcaica y "con" el ciberespacio. Hay que estar evolucionado y tener grandeza de corazón (no digo inteligencia porque una inteligencia obcecada es muy difícil de conmover)... Si no conmovés el corazón, la razón no puede elaborar pensamiento o elabora pensamiento sectario, sesgado, monocorde.

