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Los girasoles que adornan las esquinas de Córdoba

El vandalismo urbano parece fuera de control. Los funcionarios con algunos años dicen no recordar tanta destrucción de lo público.

29 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los girasoles que adornan las esquinas de Córdoba

–Los miro, les saco algunas fotos con el celular porque me causan gracia, pero no lo puedo entender, Cacho.

–¿Se dedica a contemplar pájaros? ¿A ver vecinos con el telescopio?

–Ya le dije la última vez que nos vimos que no quiero discusiones, menos peleas.

–Bueno, entonces vaya al grano y explique qué lo tiene tan confundido esta semana.

–Los girasoles, Cachito, los girasoles.

–Bue... O alucinó con la biografía de Vincent van Gogh o anduvo por el campo cazando vizcachas. Ah, tal vez le puso mucho aceite a la ensalada y se mareó...

–¡Me sigue tomando el pelo, Cacho.

–Está todo bien, pero no entiendo qué me quiere decir con eso de los girasoles.

–Los que están en las esquinas de la ciudad de Córdoba. Aparecen por todos lados, en los barrios, en el centro.

–¡Ah! No aclare que oscurece. No entiendo nada. Cada vez hay menos verde en Córdoba y usted ve girasoles.

–Sí, veo girasoles y le explico: el último domingo a la mañana, aunque pasa casi todos los días, en distintos tramos de la ciudad los semáforos tenían las cabezas cruzadas.

–No será que usted tiene la cabeza cruzada.

–No, mire, es un problema que preocupa hasta a las autoridades municipales. Me contaron, Cacho, que el intendente lo vio con sus propios ojos el domingo a la mañana. Iba a la maratón del parque Sarmiento y no sabía a qué señal hacerle caso.

–Ahora entiendo. Me dice que los semáforos giran como los girasoles. ¿Será por los vientos? Estuvieron bravos durante varios días.

–No, imposible, Cachito. Salvo que pase un tornado, es imposible que un viento en el centro de la ciudad dé vueltas o le rompa la cabeza a un semáforo.

–¿Y qué pasa? ¿De pronto cobraron vida? Será que los intentos de sincronización los enloquecieron.

–Bueno, ahí está el problema. Ni cobraron vida ni se volvieron locos, Cacho. Es el vandalismo urbano el que parece fuera de control.

–¿Le parece que es para tanto?

–Bueno, más allá de los cuestionamientos que reciben desde distintos ángulos, en la Municipalidad están casi espantados, Cacho.

–Les rompen todo.

–Eso dicen. Desde los semáforos girados hasta los juegos de las plazas, arrancados. Los funcionarios con algunos años en el lomo dicen no recordar tanta destrucción de lo público.

–Por lo que dice, hay una percepción de que se rompieron algunos códigos de convivencia social y política.

–Por ahí quería llevarlo, Cacho. Como a los verdaderos girasoles, a la sociedad habría que darle agua para que no siga marchitándose.