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Los Esteve marcharon en homenaje a las mamás que no están

Silvana y Adrián emponcharon a sus hijos y fueron a la marcha. No conocían a ninguna de las mujeres asesinadas: sólo querían acompañar.

04 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Los Esteve marcharon en homenaje a las mamás que no están
En familia. Los Esteve marcharon pidiendo que alguien frene la violencia. Ese fue el espíritu de miles (Pedro Castillo/La Voz).

La maestra de la guardería notó algo raro en Ariana y se lo dijo a su mamá. Silvana Salgán sintió que el mundo se le venía abajo cuando se lo confirmaron los médicos: su nena de dos años, buscada largamente durante siete con el amor de toda su vida, Adrián Esteve, tenía TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo). "Yo soy muy sensible, y me conmueven todos esos chicos que se han quedado sin su mamá, yo me muero si sé que un día les falto a ellos", cuenta al borde del llanto. Tiene 35 años y está con su esposo, de 45, y los chicos en la esquina de Cañada y Colón. Ella carga sobre los hombros a Alex, de dos años y él, a Ariana, hoy de cinco. Están enfundados con guantes, camperas y gorros coloridos, casi deslumbrados con las batucadas y bailes improvisados que organizaban columnas adentro de la marcha Ni una Menos, que recorrió ayer el centro de la ciudad de Córdoba. Los cuatro son, a su manera, el grito silencioso de las cientos de familias partidas de manera irremediable que deja como saldo la violencia de género. Cientos de chicos con mamás que ya no los pueden acunar, ni llevar a la escuela, ni ayudarlos a leer. Cientos de mamás que ya no podrán hacer acococho a sus hijos porque un hombre embravecido y con fuerza, las mató. Silvana mira los carteles con las fotos de esas mamás que no están, y llora. Como todos ayer, desgarrados por las ausencias que jamás darán marcha atrás y que podrían haberse evitado. Los Esteve tienen bien claro porqué desafiaron el frío y la llovizna persistente para venir desde Marqués Anexo. "Él salió volando del trabajo y se vino directamente, yo lo esperé acá con los chicos", cuenta Silvana. "Como sociedad vemos que cada vez estamos en mayor decadencia; cuando la pareja se termina, parece que lo único que queda por hacer es matar a la mujer e incluso suicidarse. Las personas están cada vez más con el corazón frío, más aislados, sin valores", dice Adrián. Por Paola y Carina Silvana asegura que ni en su familia ni entorno cercano le ha tocado vivir un caso de violencia de género. "Pero seguí muy de cerca lo que le pasó a Paola (Acosta), a Carina (Drigani)... las siento en el alma y creo que estando acá aportamos nuestro granito de arena para que los que tienen que hacer algo, lo hagan de una vez", dice. Adrián y Silvana son fieles representantes de la clase media que la pelea a diario. Pagan cinco mil pesos mensuales de alquiler, casi la mitad del sueldo de Adrián. Él mantiene la maquinaria de un lavadero de jean al este de la ciudad de Córdoba, donde las principales marcas llevan los pantalones a engomar, decolorar e imprimir en 3D. Trabajaba en negro, hasta que Silvana fue a la fábrica y se le plantó al dueño: le dijo que necesitaba la obra social para Ariana, que si él tenía hijos la iba a entender. Así fue, porque a los tres meses la obra social asumía el costo de fonoaudióloga, psicóloga y psicomotricista, a razón de dos mil pesos al mes cada una. En equipo, lograron que Ariana escuchara, los mirara a los ojos y se conectara con ellos. Y que ayer, desde los hombros de su papá, viera el intento colectivo por garantizarle vida plena a todas las mujeres.