Los egresados de las aulas descartables
Las móviles de chapa llegaron para paliar el déficit momentáneo de infraestructura en muchas instituciones, pero se fueron convirtiendo en la evidencia de lo que no se hizo a tiempo, de las demoras en las licitaciones, del crecimiento poblacional y de la matrícula que nadie calculó.
Tres años tardó la Provincia en erradicar, por completo, las aulas contenedor de las escuelas que, en algunos casos, se instalaron hace más de 10 años en los patios. La promesa de su eliminación se renovaba junto al contrato de alquiler de esas estrechas estructuras metálicas. Las móviles de chapa llegaron para paliar el déficit momentáneo de infraestructura en muchas instituciones, pero se fueron convirtiendo en la evidencia de lo que no se hizo a tiempo, de las demoras en las licitaciones, del crecimiento poblacional y de la matrícula que nadie calculó.También fueron el reflejo de lo lejos que están algunos pueblos del interior del Centro Cívico y de sus funcionarios. Es que un buen número de las aulas móviles fueron levantadas en parajes a los que no se llega ni con GPS.A falta de estructuras de material, las bautizadas por sus usuarios como "latas de sardinas" fueron recibidas hasta con alegría.Se suponían provisorias –ya que las experiencias internacionales revelan que el ambiente es uno de los factores determinantes de la calidad educativa–, pero en algunos casos pasaron años antes de embalarlas y despedirlas.El récord se cumplió en el Ipem 174 Anexo, en Media Luna Sud, un poblado a 20 kilómetros de Monte Cristo, en el departamento Río Primero, que convivió con tres aulas contenedor durante una década. Esta escuela es la única secundaria de la zona y tuvo egresados de contenedores que no conocieron un aula de verdad hasta el año pasado, cuando se inauguró el edificio propio.Hoy se "celebra" que después de nueve años las clases comienzan sin estudiantes en aulas descartables. No deja de ser una buena noticia. O, mejor, una deuda que debía ser saldada hace tiempo.

