Los días que quisiéramos olvidar
La memoria, y no el dolor y el rencor, tiene que ser la guía de la reconstrucción después del caos.
Siempre nos preguntamos si es posible hacer humor con cualquier cosa y una primera respuesta sería que no nos podemos reír allí donde todavía hay dolor.
Los últimos días de furia que padeció la ciudad de Córdoba nos inspiran tristeza e impotencia, pero al mismo tiempo nos carcome la ironía sobre los problemas con la telefonía celular el martes y el miércoles pasados: “¿No me llamaste? ¡Sí, te llamé! ¿Cuándo? ¡A las 20! ¡No tengo ninguna llamada! ¿No viste la TV? ¡No veo TN!”.
Roxana Kreimer, filósofa y doctora en Ciencias Sociales de la UBA, autora de Artes del buen vivir: filosofía para la vida cotidiana , sostiene que el humor es una herramienta crítica de gran eficacia. "El humor permite ver lo que los demás no perciben, ser consciente de la relatividad de todas las cosas y revelar con una lógica sutil lo serio de lo tonto y lo tonto de lo serio. A veces el mejor consejo es el que proviene de un chiste y no de una formulación teórica", reflexiona.
Y agrega: “El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que en última instancia todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte al que llevan a la horca un lunes y exclama: ‘¡Bonita forma de comenzar la semana!’”.
El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece.
En ese sentido, Kreimer cita a Charles Chaplin, “quien ponía como condición de posibilidad del humor la necesidad de que el chiste estuviera a favor del débil y no del fuerte”.
Recordar, para aprender
Hay dolorosas efemérides que quisiéramos olvidar; sin embargo, algunas veces son tan ejemplificadoras que terminan ayudando a superar traumas, son el punto de partida para la reconstrucción.
Coyunturalmente, la memoria fresca de los saqueos nos obliga a propiciar la reparación de los daños emocionales y económicos sufridos por los cientos de comerciantes de la ciudad de Córdoba, pero también nos deja la inmejorable posibilidad de remontar desde abajo, como nunca antes habíamos estado como sociedad.
“¡¡¡Estamos en la B!!!”, exclamaba desesperado “el Tano” Pasman el día que River Plate perdió con Belgrano en barrio Alberdi, el miércoles 22 de junio de 2011, y ya se presagiaba que el Millonario iba a descender de categoría.
Ese día y el 26 de junio, cuando River efectivamente se fue a la B por primera vez en su historia, serían para los hinchas jornadas para olvidar. Pero, por el contrario, los hicieron más fuertes y como nunca las canchas de fútbol de todo el país se inundaron de “gallinas”.
El 11-S, el día que derribaron las Torres Gemelas en Nueva York, es un día para olvidar, no sólo por la destrucción y muerte que causó el ataque terrorista, sino porque dio la excusa a Estados Unidos para desplegar toda su maquinaria tecnológica para invadir la privacidad de los ciudadanos del mundo.
Cacho Yerom, nuestro consultor permanente, siempre ajeno a la realidad, dice: “El día que conocí a mi exmujer y a su madre es un día para olvidar. Ese día, saquearon mi corazón”.
Hay días que los cordobeses jamás tendríamos que olvidar, por dolorosos que sean. La memoria, y no el dolor y el rencor, tiene que ser la guía de la reconstrucción.

