Los cinco pesos que Julio tiene para el pan
Por el momento, son los de ingresos fijos los que están soportando el costo de la devaluación. Compran cada vez menos.
Julio es jubilado nacional con la mínima y un ejemplo del metodismo extremo. No son mañas de sus 77 años, sino de una mínima de 2.476,98 pesos, a repartir en múltiples gastos. Vive con María, su señora, y con su mínima juntan 4.953,90 pesos por mes. Si bien sabe que cuando cobre marzo tendrá un aumento del 11,31 por ciento, el problema lo tiene ahora, porque la plata le alcanza cada vez menos.Julio anota en un cuaderno cuánto dinero tiene para gastar en cada cosa y cuánto efectivamente gastó. En el global de alimentos, por ejemplo, sabe que no se le pueden ir más de 2.850 pesos, el 57 por ciento de su presupuesto.Para la panadería, cuenta con cinco pesos diarios. Amante de su ritual matutino, en septiembre pasado conseguía en el barrio por esa plata dos miñones y cuatro criollos. Hacia fin de año, dos miñones y dos criollos, y ahora, apenas dos miñones.Con la carne, le pasó lo mismo: compra cada vez menos, porque subió 20 por ciento y porque algunos de los pesos que iban al carnicero van ahora a pagar la yerba, que cuesta 33 por ciento más en el almacén del barrio que hace un mes.La leche fluida aumentó dos pesos en 15 días, el arroz tres y al yogur lo dejó de comprar, porque eligió la leche y el arroz.Sus hojas cuadriculadas bien podrían servirle al Indec para reconstruir la serie histórica de los precios reales: tiene anotado cuánto pagó por cada cosa, mes por mes, desde hace por lo menos siete años.No pagan alquiler, rara vez usan el colectivo y nunca un taxi. No tienen Internet ni celular, no van al cine ni a ningún otro espectáculo. Rarísima vez se compran ropa, y cuando van al hospital, se suben al auto de una vecina que se va a trabajar y los deja a las 8, aunque tengan el turno a las 12.El único lujo es el abono básico del cable. Pagan todos los servicios y compran cada tanto alguna chuchería para la nieta, porque el hijo también hace peripecias con su sueldo y el alquiler. No se consigue Julio sabe de los Precios Cuidados, pero es un programa que al interior del país llegó poco. En los almacenes y despensas, no se consigue nada. En realidad, el 63 por ciento de la población –que no va a los súper e hipermercados con vigilancia militante– poco saben de los 194 productos que deberían quedar al margen del salto inflacionario. Por el momento, son los de ingresos fijos los que están soportando el costo de la devaluación. Compran cada vez menos, y el que tiene algunos pesos sobrantes, es probable que se haya decidido por un plazo fijo (que pagan mejor que antes) al desconcertante dólar blue , que además implica poner la plata en el mercado informal.Pero los bancos le prestan esos pesos del plazo fijo al Banco Central, ya que en el sector privado nadie puede bancarse tasas que treparon hasta el 80 por ciento. El Banco Central compra esos pesos y paga casi el 30 por ciento anual. En enero sacó casi 22 mil millones de pesos y otros 11.300 millones en lo que va de febrero.La ortodoxa receta implica ajuste para todos menos para el Estado nacional, ya que el Central seca de pesos la plaza, pero a un tercio de esa plata se la vuelve a prestar a la Nación, que importa cada vez más energía y no se decide a decirle a sus votantes del conurbano bonaerense que la luz vale cinco veces más de lo que pagan.Están, por supuesto, otros gastos ciclópeos que sostienen, por ejemplo, a Aerolíneas Argentinas, Enarsa y Aguas y Saneamientos Argentinos (Aysa), aunque el militante romántico esté convencido de que con denunciar la falta de productos en www.precioscuidados.com se combate la inflación.

