Los 10 problemas más graves para los pacientes
El abandono familiares el mayor drama. Los geriátricos clandestinos y el hacinamiento, otros de los grandes inconvenientes.
El relevamiento realizado por este diario entre familiares de personas internadas en geriátricos, funcionarios y dueños de esos centros arrojó que entre las situaciones más complicadas se cuentan las siguientes: Geriátricos clandestinos. Es un hecho que existen numerosas viviendas particulares que funcionan como geriátricos sin contar con habilitación ni controles. Esto se demuestra viendo que el Censo Provincial 2008 registró a 10.145 personas viviendo en geriátricos, pero la Provincia sólo tiene registrada la existencia de poco más de seis mil camas. El 40 por ciento de los internados habita establecimientos clandestinos. ¿Cómo nacen estos lugares? Familias, generalmente matrimonios mayores, que alquilan habitaciones libres de sus casas a gente grande y que se hacen cargo de su cuidado. Pueden nacer como una respuesta solidaria, pero terminan creando situaciones de riesgo sanitario. Hacinamiento. Es una situación muy común: muchos geriátricos –especialmente los más económicos– tienen más internos de lo que el espacio les permite. Este diario recogió numerosos testimonios sobre centros que usan cuchetas para el descanso de ancianos, o que los hacen dormir en colchones colocados en el piso, en lavaderos, cocinas y terrazas. Personal no capacitado. Muchos geriátricos no contratan enfermeros, como deberían, y dejan a cargo y solos en el establecimiento, con todos los internos, a personas que a veces no han realizado ni un curso de primeros auxilios. En caso de un problema médico, sólo suelen contar con el número de teléfono de una empresa de emergencias. Otro grave problema vinculado con este es la intervención de profesionales, como médicos y nutricionistas, que muchas veces hacen sus recetas desde sus consultorios, a pedido de los dueños, sin concurrir a los geriátricos a ver las reales necesidades de cada paciente. Escasez de personal. Es habitual que los geriátricos no respeten la cantidad de personal que establece la ley, y dejan grandes grupos de pacientes a cargo de una sola persona. Otra práctica común es hacer que firmen los registros varias personas, como si hubieran concurrido al geriátrico, pero en realidad sólo trabaja una que está siempre sobrecargada de tareas. Descontrol nocturno. Es el horario más temido y del que menos se sabe, porque las inspecciones gubernamentales casi nunca se realizan en esos momentos. Los testimonios recogidos por este diario dieron cuenta de situaciones de precariedad extrema y de graves violaciones a los derechos humanos. En dos geriátricos, de noche, les quitan el picaporte interno a las habitaciones de los pacientes para que no puedan salir. En estos casos, las personas no pueden salir a tomar un vaso de agua, a pedir una atención o ir al baño, y transcurren toda la noche sucios hasta que al día siguiente los higienizan. Enfermeros "nocheros" consultados admitieron que no pueden hacerse cargo de la gran cantidad de gente que les dejan para atender, y que sólo responden las urgencias. En un geriátrico cercano al centro de la ciudad de Córdoba, de noche hacinan cerca de 20 pacientes, a quienes hacen dormir en colchones puestos en el suelo de un pequeño galpón ubicado al fondo. Impedimento de visitas. Es otro punto clave. Muchos geriátricos tienen establecidos rígidos horarios de visita, lo que redunda en que los familiares de los pacientes sólo pueden ver lo que los dueños del lugar quieren que vean. Numerosos testimonios señalan que en los momentos de la visita veían a sus seres queridos bien vestidos y atendidos, en lugares agradables como jardines o livings , pero que tardaron mucho tiempo en enterarse de que en realidad sufrían maltratos o los hacían dormir en el piso. Una escena habitual es la de familiares reclamando a viva voz en la puerta de los geriátricos para poder ingresar, y los dueños diciéndoles que no pueden. En no pocos casos se llega a intervenciones judiciales y allanamientos contra esos establecimientos. En Alta Córdoba, el dueño de un geriátrico se negó el año pasado a dejar pasar a la Policía que iba a allanarle el lugar a pedido de una persona que no podía ver a su madre, y hubo que recurrir a la fuerza. Las autoridades recomiendan hacer la denuncia cuando se sospecha que los pacientes pueden estar en situaciones de riesgo. Burocracia administrativa. Los administradores de los geriátricos se quejan de la tremenda lentitud de los organismos oficiales encargados de darles las habilitaciones. Bomberos encabeza el ranking de quejas, ya que casi nunca cumple a tiempo con los pedidos de inspecciones, ocasionando que los establecimientos tengan que funcionar con licencias vencidas, en muchos casos durante meses. Esta semana, por ejemplo, uno de los geriátricos más grandes y caros de la ciudad de Córdoba soportaba las preguntas y quejas de familiares por tener vencido el permiso de Bomberos. El dueño de otro geriátrico, cercano al río Suquía, contaba: "Hace semanas que los llamamos y nos dicen que no tienen personal. Las últimas veces enviamos nosotros un vehículo y los trajimos, para que vengan a mirar, si no, nos tienen así durante meses, al borde de una clausura". Pacientes incapacitados. Requieren mucha más atención que el resto, lo que significa que los establecimientos deberían contar con más personal si tienen más pacientes en situación de no poder moverse y valerse por sí mismos. En situaciones de emergencia, se requieren varias personas para poder sacarlos de la habitación. En el caso del trágico incendio en el Cerro de las Rosas, algunas víctimas mortales eran pacientes incapacitados, y la única persona que se encontraba en el lugar difícilmente podría haberlos trasladado a todos en semejante emergencia. Su número va en crecimiento. Sobremedicación. Una denuncia habitual de los familiares de pacientes es que en algunos geriátricos los tienen dopados durante mucho tiempo, para poder controlarlos mejor y lograr que sean menos demandantes. Abandono familiar y social. Este es el problema más grande. La sociedad argentina incrementa rápidamente el número de personas mayores de 65 años, siguiendo la tendencia de los países desarrollados europeos. Cada vez es menos inusual encontrarse con personas mayores de 100 años. Siempre la demanda de lugar en los geriátricos va por delante de la oferta, y el problema no es debatido abiertamente, no está claro qué quiere hacer nuestra sociedad con los "viejos". A nivel familiar, una situación repetida por miles de casos, es la de pacientes solos, abandonados por sus grupos familiares, sin visitas y sin cuidados. Dueños de geriátricos contaron a este diario que tienen casos de pacientes que no reciben la visita de sus hijos ni siquiera cuando son internados en grave estado de salud, ni tampoco para interiorizarse qué pasó con ellos o en qué cementerio están, una vez fallecidos.

