Lo que dejó la canonización del “santo del pueblo”
La misa en la basílica de San pedro congregó a unos 400 argentinos, la mayoría cordobeses.
En las últimas horas de ayer resultó difícil encontrar algunas de las banderas celestes y blancas que hasta el mediodía habían pululado por Roma y por El Vaticano. Es que la mayoría de los argentinos que vinieron a esta milenaria y bulliciosa ciudad para asistir a la canonización del cura Brochero, ya había partido hacia otro país para hacer turismo, o inició su retorno.
Un cura, de los más de 140 que vinieron aquí, decía ayer, ante las muestras de fervor devoto que se vieron en las calles en estos días, que la Argentina no ha tomado conciencia aún de lo que significa la canonización de Brochero, un hombre que dejó o que tiene un mensaje religioso, pero, a la vez, un profundo mensaje de responsabilidad ciudadana.
Lo destacó ayer el arzobispo de Córdoba, Carlos Ñáñez, en la homilía que pronunció en la misa de acción de gracias que los peregrinos argentinos celebraron en la Basílica de San Pedro.
Dijo que lo de Brochero era inmenso porque había vivido su sacerdocio con una entrega total a Dios y a su pueblo. Y destacó la obra religiosa pero también la social, una como fruto de la otra.
Este doble mensaje del Cura Gaucho, fruto de las obras que concretó en vida, y que después de muerto se han transformado en “milagros”, pusieron en evidencia que esta personalidad de nuestra historia es y será para los argentinos “el santo del pueblo”; alguien que en la memoria de su gente, con el paso del tiempo, más que achicarse se engrandece.
Santo propio
“Brochero es nuestro”, decía ayer, al término de la misa Mirta Báez, una señora de Traslasierra que vendió empanadas, churros “y lo que sea” para poder pagarse la travesía hasta este lugar para estar en este acontecimiento.
En algún momento de la historia pasada, el cura que había nacido en Santa Rosa de Río Primero, pero que hizo toda su enorme obra en Traslasierra, dejó de ser un “serrano” para volverse un beato cordobés.
Con el paso de los años, la fama de santidad se fue extendiendo geográficamente y la devoción superó los límites provinciales para llegar a toda la Argentina.
José Gabriel del Rosario Brochero es hoy el santo argentino. Lo reflejaron aquí carteles y lágrimas, fotos y canciones. Brochero está allí, en el corazón de la gente. Como un signo de unidad de una patria que quiere que todos podamos contar.

