Levon Kilic Aslan, un armenio con el apellido equivocado
El de su padre era Berberian, pero cuando nació le pusieron uno turco. Su familia sufrió el genocidio. Llegó a Córdoba a los 18 años y se dedicó al mundo del calzado.
"Salí de Turquía con 18 años de edad sin saber idiomas y con 200 dólares de capital, que era lo que el gobierno dejaba sacar del país. Sabía fabricar zapatos; mi padre siempre me decía que era un buen oficio, ya que en todo el mundo los chicos nacen con pie, por lo que siempre hay trabajo". Así llegó Levon Kilic Aslan (72) a Córdoba, en junio de 1961, con muchos sueños y huyendo de un país que no sentía como propio. Levon nació en Samatya, un barrio de Estambul (Turquía) en 1942, aunque su familia era de origen armenio, de apellido Berberian.El abuelo de Levon, Kevork, fue víctima del genocidio armenio, que comenzó en 1915. Los padres de Kevork –y bisabuelos de Levon– y otros miembros de su familia fueron exterminados junto a más de un millón y medio de personas antes del nacimiento de la República de Turquía, en 1923.Levon cuenta su historia en el libro El legado de Kevork, que prometió a su abuelo que escribiría. "Fue mi abuelo el que me ordenó: 'Levon, tenés que salir de Turquía y contar esto a todo el mundo, para que sepan cómo han masacrado a una familia armenia'", le dijo. Levon cuenta que, después del genocidio, a los niños que nacían en familias armenias les ponían nombre turco. La idea era que pasaran inadvertidos y no fueran perseguidos. En Turquía, entonces, convivían griegos, armenios, judíos y turcos.Después de la disolución del Imperio Otomano, Turquía se quedó con gran parte del territorio armenio y se inició una campaña de expulsión forzosa que terminó en el genocidio."Entonces no se podía hablar armenio en la calle. Iba al colegio, pero no enseñaban historia armenia", explica Levon. Y agrega: "En el documento, los turcos me pusieron el apellido Kilic Aslan. Pero mi papá tenía en el documento Berberian, que significa 'peluquero'".Levon nació mientras su padre realizaba el servicio militar. "Cuando mi mamá va a sacar el documento le dicen: 'Su marido capaz que esté muerto, ¿le gusta el apellido Kilic Aslan? Y me pusieron Kilic Aslan". Planes secretos Hovagim, el papá de Levon. era zapatero, oficio que le enseñó a sus tres hijos varones. Las cosas no sobraban en la familia ("éramos pobres, pobres", dice Levon) y el niño ayudaba vendiendo caramelos y fabricaba bolsitas de papel para venderlas a comerciantes de pistachos. En septiembre de 1955, la familia empezó a pensar en emigrar después de una revuelta entre turcos y griegos, cuyas naciones se disputaban el territorio de Chipre."En esa fecha, para salir de Turquía tenías que tener un garante. No dejaban salir. Buscando y buscando, poniendo un aviso en la iglesia, encontramos a un primo de mi abuelo: Hairabed Berberían", relata.Levon consiguió pasaporte turco y visa argentina por tres meses. Abandonó Estambul el 24 de junio de 1961. El viaje era un secreto que el padre y los hermanos conocían, y que la madre ignoraba. "Mi madre creía que iba a trabajar como todos los días, lejos estaba de imaginar que me iba a la Argentina", cuenta. Trabajo y más trabajo "Me habían dicho que en Argentina hacía calor, pero era junio y yo tenía un traje blanco... Un frío bárbaro", recuerda. En Córdoba nadie lo esperaba porque no sabían de su llegada. Se dirigió a la calle Armenia 545, a la casa de Hairabed, cerca de la iglesia y del colegio armenio. Allí sorprendió a todos.El día siguiente, Levon comenzó a trabajar en una fábrica de calzado. Le pagaban por día. Tres meses después llegó su padre, madre y hermanos: estaban juntos otra vez."En ese tiempo venían muchos armenios a la Argentina. Los últimos vinimos en los años 60. Después la gente empezó a ir a Canadá, Australia, Norteamérica. Yo tengo parientes en ocho países (...) Ninguno está mejor que yo. Argentina era más libre para abrirle la puerta a la gente", cuenta Levon.La familia alquiló una casa y el dueño de la fábrica les enviaba trabajo a domicilio. "Nosotros trabajábamos todos los días. No teníamos sábados, domingos ni 25 de Mayo (...) El patrón nos traía la capellada el vienes o sábado, y el lunes se lo llevábamos terminado", dice.Los empleados cobraban 20 pesos por par en la fábrica; a los Berberian les pagaban 18 por hacerlo en casa. El padre decía que si trabajan dos horas más por día sacarían más. "Se sorprendían y pensaban que teníamos una máquina. No se imaginaban que trabajábamos 20 horas, sin descansar", explica.Al tiempo compraron su primera cocina y una heladera. Cola para comprar A fines de 1962, Levon y su padre se quedaron sin empleo porque el patrón había adquirido una máquina. Así, comenzaron a trabajar por su cuenta. Pidieron un préstamo y compraron cuero negro y empezaron vendiendo 15 pares de zapatos de hombre a Calzados Los Gallegos, de calle San Martín."Casi 40 años trabajamos así con el español. Nos ayudaba mucho, en todo. Después nosotros empezamos a vender zapatos en avenida Patria", recuerda Levon. Les iba muy bien.En los años '70 alquilaron un local en calle Sarmiento 31. La estrategia comercial fue achicar el margen de ganancia: cobrar menos para vender más."Mi papá, aunque no sabía leer ni escribir, decía: 'Los otros ganan el 100 por ciento o el 80 por ciento, nosotros vamos a ganar 30'. Hacían cola para comprar, no alcanzábamos a venderles. Cuando hicimos un poco de plata nos fuimos a la Cortada Israel, y pusimos Calzados Levon", subraya Kilic Aslan.Por esa época, en 1977, se casó con Noemí, nieta de armenios, con quien vivió 30 años y tuvo a Joaquín Leonardo.El negocio fue un éxito y llegó a ser conocido en toda la ciudad de Córdoba; siempre había cola de 40 o 50 personas esperando para comprar. Los dueños de los negocios del rubro enviaban a sus empleados a ver los precios de las vidrieras.Trabajaron allí hasta la crisis de 2001. Después de que su papá falleció, Levon y sus hermanos abrieron locales en la calle San Martín. Hace cuatro años se retiró del negocio."Cuando llegué a la Argentina, nunca me imaginé que podría progresar tanto en el aspecto laboral, primero como fabricante y luego como comerciante", asegura. Ciudadanos argentinos Los tanques de agua en los techos fue una de las cosas que más le llamó la atención cuando llegó a la Argentina. También, la amabilidad de la gente. "Escuchaba cuarteto por la radio y los partidos con 'el Negro' (Victor) Brizuela", recuerda", relata en su libro.En 1973, toda la familia comenzó a hacer los trámites de ciudadanía. El día del juramento los padres no sabían castellano. Les preguntaron por qué querían ser argentinos y Levon contestó: "Hace 12 años que estamos en Argentina y no queríamos tener ciudadanía turca". Agregó que eran armenios y cristianos y que los motivaba la calidez y afectuosidad de la Argentina hacia los extranjeros."Después de jurar me llamó el juez y me dijo: 'si yo sabía que no hablaban castellano no los hacía argentinos'", recuerda.Cuando se le pregunta a Levon cómo aprendió el español, dice que "no aprendió" y que "hablaba como habla ahora". En realidad, maneja un castellano curioso, sin artículos ni preposiciones y con una indiscutible y agradable tonada extranjera."Acá no fui al colegio ni nada. Aprendí escuchando la radio, viendo la tele. Pero apenas hablo en la calle me dicen: '¿Y usted de dónde es?' Yo les contesto que soy de acá y se ríen", asegura.
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Historias. En "Voces", de La Voz del Interior y la Unión de Colectividades de Inmigrantes: www.lavozdelinterior.com.ar/voces.
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