Las violencias requieren un abordaje integral
Las violencias de géneros son un problema público de violación de derechos, producto de relaciones desiguales de poder. Por lo tanto, es necesario deconstruir el paradigma que sostiene la idea de “patologización” de los individuos violentos.
Las violencias impactan en el cuerpo de las mujeres y otras identidades, niños/as y adolescentes; como sociedad nos espanta el horror del femicidio, accionamos y salimos a la calle a visibilizar y denunciar bajo la consigna: basta de violencia, ¡vivas nos queremos! Pero debemos preguntarnos: ¿cómo llegamos a esto? ¿De qué manera estamos sosteniendo o incluso hasta veces avalando estas dinámicas vinculares que luego se traducen en violencias? ¿Qué papel juega el Estado en todo esto? ¿Cómo podemos transformar (nos) para aportar a una vida libre de violencias? Si bien no hay recetas, es imprescindible construir preguntas para problematizar acerca de aquello naturalizado que lastima.
Estas violencias que se viven son producto de desigualdades históricas, injusticias sociales y estructurales construidas a partir de un sistema capitalista y patriarcal. Se produce y se reproduce en las diferentes esferas de la vida social, política, económica y cultural. Por lo que implica ser pensada para su intervención, desde políticas públicas con eje en derechos humanos, perspectiva de género y diversidad sexual.
Las violencias de géneros son un problema público de violación de derechos, producto de relaciones desiguales de poder. Por lo tanto, es necesario deconstruir el paradigma que sostiene la idea de “patologización” de los individuos violentos.
Se hace preciso pensar a las violencias como una problemática social compleja que requiere abordaje integral, en la que se hacen urgentes acciones de contención y asistencia, herramientas de prevención, recursos para investigación y continuidad en los procesos de aplicación de las políticas de Estado.
Se hace necesario avanzar hacia el desarrollo de políticas integrales con compromiso en asignación del presupuesto adecuado y articulando desde diferentes instituciones nacionales, provinciales, municipales, organizaciones de la sociedad civil, movimiento de mujeres.
La universidad no es ajena a esta problemática estructural. En este sentido, hay intención de reparar una deuda histórica por lo se que viene asumiendo en este último tiempo un compromiso en el trabajar al respecto.
Se está implementando un Plan de Acciones para prevenir, atender y sancionar las violencias de género dentro del ámbito universitario. Debemos seguir poniendo énfasis para que desde la UNC aportemos a la formación de profesionales con perspectiva de género, capaces de construir una ética basada en los derechos humanos y el respeto por la diversidad.
*Coordinadora Programa de Género-UNC

