Las raíces nunca se olvidan, y siempre enriquecen
“Mis hijos me llaman la atención cuando hablo guaraní”; cuenta “Francis”. Iris, su hija menor, entiende la lengua, pero no la habla.
"Mis hijos me llaman la atención cuando hablo guaraní"; cuenta "Francis". Iris, su hija menor, entiende la lengua, pero no la habla. "Cuando estoy acá, extraño allá. Y cuando estoy allá, extraño acá", cuenta Iris. Edith, por su parte, añade: "Yo tengo todo acá: mi familia, mi trabajo, soy de acá. Córdoba me ha dado todo"."Francis" asegura que enseñó a sus hijos con las costumbres argentinas, aunque sin olvidar de dónde vienen."Estoy feliz de estar aquí. Siempre se extraña el lugar de origen, las raíces. Agradezco a este país, tuve mucha suerte de conocer gente muy buena. Me siento agradecida", dice "Francis".La familia está convencida de que la fusión de culturas enriquece. Por eso, sus ocho nietos (seis argentinos y dos alemanes) recibirán aportes de dos culturas. Es parte del legado. "Mis nietos son la luz de mis ojos, sangre de mi sangre", concluye.

