Las memorias del saqueo
Convivimos en una sociedad logofonocentrista, en términos del filósofo francés Jacques Derrida. Nos relacionamos por medio de la lengua. No manejarla implica quedar fuera del sistema.
"Paro de cobanis saqeamo com lo del varrio Cáritas tengo para come por un año". "ME LLENEE EL CARITO JAJA se sarpo… en brebe sale otro saqeo". "EN DONDE SAQUIARON ? SI EN MI CASA AL FRENTE NO AI NADA". Estos son mensajes tomados de Facebook, les pertenecen a cordobeses que participaron en los hechos delictivos del 3 y 4 de diciembre. Son sólo un puñado de ejemplos de la abultada cantidad de ellos que podíamos encontrar en Internet. Son las memorias del saqueo.A partir de esta muestra, entre otras cosas, podemos preguntarnos: ¿dónde está la legitimidad de la lengua? Si nos enfocamos en las normas establecidas por la Real Academia Española (RAE), diremos que estos textos están mal, porque tienen errores ortográficos, ortotipográficos (de tipeo) y gramaticales.En cambio, si nos paramos en la vereda de la semiótica (centrada en el estudio de los signos empleados en la vida social), consideraremos que son discursos legítimos porque son eficaces; es decir, son entendibles dentro de un grupo determinado.La lengua adquiere rasgos dialectales (de un "sistema lingüístico derivado de otro, normalmente con una concreta limitación geográfica, pero sin diferenciación suficiente frente a otros de origen común", según la RAE) y suprasegmentales (el acento, la entonación, el ritmo) tan fuertes que interfieren en la comunicación. Códigos restringidos De esta manera, encontramos grupos que manejan códigos muy restringidos, muy situados, al extremo que muchas veces quedamos fuera del discurso porque no lo comprendemos. El punto es que quizá estos grupos no quieran ser interpretados. "En una de esas, hablan así para defenderse", dice Gloria Borioli, investigadora y docente del posgrado de Adolescencia de las facultades de Filosofía y de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. "La dificultad se presenta cuando quieren estudiar, cuando tienen que dar cuenta de lo que saben en la escuela o en la universidad. Porque ellos muchas veces pretenden manejarse con esta parcela léxica muy restringida, en contextos en los que no alcanza. Quieren decir y no pueden, quieren construir y no tienen la sintaxis incorporada, porque el habla fragmentada, llena de regionalismos y llena de puntos suspensivos, no tiene aceptación en otros ámbitos", agrega Borioli. "Te piden que hables bien para trabajar en cualquier empleo, te piden el secundario completo. Te piden un título que acredite un recorrido escolar y el recorrido escolar exige unas ciertas habilidades lingüísticas", sostiene la investigadora. Algo para reflexionar Convivimos en una sociedad logofonocentrista, en términos del filósofo francés Jacques Derrida. Nos relacionamos por medio de la lengua. No manejarla implica quedar fuera del sistema. Así, las memorias del saqueo, plasmadas en la Web, nos dejan abiertas las puertas para reflexionar sobre algo más que los terribles hechos de aquellos días.

