Temas del día:

A las historias, es mejorcontarlas que vivirlas

La mayoría de los episodios de nuestra vida cotidiana son de poca monta, pero se transforman en relatos épicos al recordarlos. Juan Carlos Carranza.

17 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
A las historias, es mejorcontarlas que vivirlas

En ocasión de una Feria del Libro, en 2001, el municipio capitalino invitó a disertar al genial Roberto Fontanarrosa y yo tuve el gran honor y placer de presentarlo. En un café, previo a la charla en el Cine Municipal Hugo del Carril, el creador de Inodoro Pereyra reflexionaba: "A las historias, es mejor contarlas que vivirlas".

Fontanarrosa decía que, en general, la mayoría de los episodios de nuestra vida cotidiana son de poca monta, de escasa trascendencia, pero se transforman en relatos épicos gracias a los adornos, exageraciones y recursos que les imprimimos al recordarlos.

¿Cuántas veces, en reunión de amigos, contamos historias que nunca sucedieron de esa manera, y a nadie le importa porque, a la sazón, lo que nos divierte es llenarlas de giros y tergiversaciones?

Para fundamentar su tesis, el autor de El Área 18 tomaba como ejemplo el gol de Aldo Pedro Poy a Newell\'s Old Boys, en cancha de River, en la semifinal del Nacional 1971. "Todo el mundo tiene una anécdota de dónde estaba en ese momento, con quién escuchaba el partido... Como ocurrió, salvando las distancias, con la muerte de Kennedy", explicaba.

Para los hinchas de Rosario Central es tan fuerte esta vivencia que ya no basta la transmisión oral de aquella memorable jugada (ni siquiera el video), sino que todos los 19 de diciembre convocan a Poy a una cancha para que recree "la palomita" y luego cantar enfervorizados: "!Aldo Poy, Aldo Poy, el papá de \'ñulsolboy\'!".

"Vos sabés que tengo una pesadilla recurrente: sueño que Jorge González, en vez de tirar el centro para Poy, !engancha para adentro! Y me despierto aterrorizado", me contaba Fontanarrosa y era seguro que estaba exagerando ¿O no?

Labruna y Las Termópilas. El fútbol y la guerra tienen en común esa cuestión de heroísmo y entrega. La historia de la batalla de Las Termópilas es tan espectacular que vale por sí misma, más allá de cómo haya sucedido realmente. A los antiguos relatores griegos la gesta de Leónidas I y sus 300 espartanos sirvió para infundir ánimo a los ejércitos griegos en La Segunda Guerra Médica contra los persas.

Llevado esto al plano del fútbol, cuántas veces escuchamos a hinchas, dirigentes y directores técnicos decirles a los jugadores: "Sepan que la camiseta que llevan puesta la usaron Labruna-Varallo-Erico-Maschio...", en una apelación extrema al honor y la bravura con la que deben afrontar cada juego.

Cuánto más vale el relato de nuestros mayores sobre estas legendarias figuras del balompié, sus bíblicas apiladas y sus memorables goles, cuando no hay demasiados registros que acrediten tanto virtuosismo. Lo que nos llega son fotos y videos de jugadores cuya contextura física nada tiene que ver con los esculpidos cuerpos de Cristiano Ronaldo o Didier Drogba; o imágenes de un fútbol parsimonioso y cansino. Pero cada época se vive y se cuenta a través del prisma de cada uno, ¿y por qué no le voy a creer a un tío abuelo que tengo que dice haber visto jugadas del "Charro" Moreno mejores que la del gol de Maradona a los ingleses?