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Las ganas de estudiar que tiene Ayelén

Las tareas propias del hogar siguen recayendo casi con exclusividad en la mujer, con el agravante de que no siempre cuenta con alternativas de calidad para delegar el cuidado de los hijos.

14 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
Las ganas de estudiar que tiene Ayelén

Ayelén tiene 17 años y una fecha en la cabeza: 6 de septiembre, cuando se cumplan 40 semanas de embarazo. "Yo voy a seguir estudiando, no quiero que me pase lo de mi hermana, que está todo el día en su casa con los bebés y no hace nada", dice. Ambas viven en Villa Martínez con su mamá y cuatro hermanos menores. Ella va a quinto año del secundario y planea estudiar algo más cuando termine. Es probable que su tenacidad la ayude a escapar de las estadísticas, que indican que uno de cada dos chicos en Argentina no termina el secundario. Entre los sectores más postergados, son mucho más de la mitad los que no acceden a la educación media. Sin estudios mínimos, las posibilidades de acceder a un empleo formal y relativamente bien pago son casi mínimas.Entre las mujeres, la situación es mucho más grave. En Argentina, el 52 por ciento de las mujeres trabaja; mientras que la participación laboral masculina es del 76 por ciento. Pero entre las mujeres pobres, trabaja apenas el 35,6 por ciento. Esa participación cayó del 43,7 por ciento al 35,6 por ciento entre 2004 y 2013, según informa el centro de estudios Idesa con datos de la Cepal.La independencia económica es mucho más que un sueldo más (a veces el único) en el hogar. Por lo general, la mujer garantiza mejor que los recursos disponibles sean invertidos en los hijos. Con más recursos, la calidad de vida de todo el grupo familiar mejora. Pero trabajar implica para esa mujer sociabilizar con otros, asomar las narices a otro mundo, saber que hay otras formas de entender las cosas más allá de la propia. Con ingresos propios, se reduce la chance de sufrir violencia en el hogar.Pero entonces, ¿por qué en Argentina la tasa de participación femenina es tan baja? ¿Por qué baja? En general, suceden dos cosas. Uno: encuentran trabajos malos y mal pagos. Entonces, el esfuerzo que implica salir a trabajar no compensa el costo de dejar el hogar. Dos, las tareas propias del hogar siguen recayendo casi con exclusividad en la mujer, con el agravante de que no siempre cuenta con alternativas de calidad para delegar el cuidado de los hijos. En ese sentido, las salas-cuna (de gestión oficial) aparecen como una opción interesante. En Córdoba, se acaba de inaugurar la número 12 en la Ciudad de las Artes, donde las mamás pueden entre las 8 y las 23 dejar sus niños. Son pocas, con un público muy focalizado, pero la iniciativa es saludable. Hay que promocionar entre las propias mujeres la decisión de estudiar y de trabajar. Es el mejor capital social con el que podemos contar como sociedad.