Las dos galletas a 10 pesos que vende Ismael
El 42 % de los chicos que trabajan a cambio de dinero lo hacen ayudando en el negocio o trabajo de un familiar.
"Ismael", lo llama la cajera. Tiene 10 años y no más de 1,20 metros de estatura. Paga con dos billetes de 100, espera el vuelto y retira una caja de obleas Zupay. Está solo y dedicará toda la tarde a vender en el colectivo los 45 paquetes que vienen en la caja. Pagó 109 el bulto, a un costo de 2,42 pesos cada paquete que vende después a dos por 10, con una ganancia de casi 2,60 pesos por paquete, aunque algunos, a veces, le dan unos pesos de más. "A las 6 de la tarde, ya no me quedan más. Gano unos 150 pesos por caja, que se los doy a mi mamá", cuenta.Jura que va a la escuela a la mañana y que no tiene miedo de andar solo en la ciudad, alternando entre el 40 y el 41. Regulación En la Argentina, está prohibido el trabajo infantil, y sumamente regulado entre los 16 y los 18 años. Sin embargo, al menos 7,2 por ciento de la población de entre 5 y 13 años, según el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA), trabaja en actividades domésticas intensivas o en actividades económicas; es decir, con ingresos para aportar al hogar.El niño que trabaja es un niño que no tiene tiempo para jugar, para relacionarse con sus pares, para ir a un club o patear la pelota y hasta puede afectarle el desarrollo de sus capacidades físicas, psicológicas y sociales.Incluso, el niño que trabaja está expuesto a lesiones, maltrato, inclemencias climáticas y todos los riesgos que supone estar en la calle, en un quiosco, en una panadería. Es más propenso a faltar a la escuela, a no completar la tarea y a distraerse. Trabajar les vulnera a los niños derechos esenciales. Sin embargo, sin llevar muy lejos la mirada, es alarmante la presencia en nuestras ciudades de chicos que trabajan. Están siempre, aunque no sean visibles. Cifras El 42 por ciento de los chicos que trabajan a cambio de dinero lo hacen ayudando en el negocio o trabajo de un familiar.Un 16 por ciento es aprendiz de alguien que no es familiar; un siete por ciento recolecta papel; y otro cuatro por ciento limpia vidrios, abre puertas o vende galletas en el colectivo.A medida que desciende el nivel socioeconómico de la familia, es más alta la chance de trabajar con alguien que no es familiar, algo que aparece como de mayor riesgo.Esa brecha según el nivel económico y educativo se replica también en el género: los niños varones trabajan más en la calle, con algún tipo de remuneración, mientras que las niñas se dedican a tareas del hogar y cuidado de hermanos, sin ninguna remuneración. Pero ambos trabajan, y eso no es para los chicos.

