La silla de ruedas le abrió paso a las Naciones Unidas
Luego de haber sufrido discriminación en un boliche, la cordobesa Rosario Perazolo Masjoan defenderá a las personas con discapacidad en una cumbre de la ONU.
A Rosario Perazolo Masjoan le cerraron las puertas de un boliche de Nueva Córdoba porque usa silla de ruedas, pero le abrieron las de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Allí va a asistir a la Cumbre Mundial Humanitaria, que se desarrollará en Estambul (Turquía), el 22 y 23 de mayo, para representar los derechos de los jóvenes con discapacidad. Después de la difusión que tuvo la carta que le escribió al dueño de Cayo Makenssy, Rosario pasó a formar parte de la ONG Meta (Movimiento Estamos Todos en Acción), que promueve la formación de activistas en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad.En octubre de 2015, a un mes de quedar varada en la vereda del boliche, fue seleccionada por Unicef para participar sobre el tema jóvenes y discapacidad, en un congreso latinoamericano que se realizó en Brasil.Poco después, entre las propuestas de trabajo de Meta, surgió la idea de postular candidatos para participar de la Cumbre Mundial Humanitaria de Naciones Unidas. "Como Unicef es una organización internacional, se postularon millones de chicos de todo el mundo y sólo se eligieron 22 que van a representar los derechos de los jóvenes", cuenta Rosario. Y continúa: "De esas personas, tres vamos a representar la discapacidad: una chica de Costa Rica, creo que una de Pakistán y yo".Todavía no sabe si deberá dar un discurso o si tendrá que "escuchar y opinar". "No voy a representar una silla de ruedas, voy a representar lo que significa para un joven tener una discapacidad, y que yo sea una de las personas elegidas es mucha responsabilidad", dice.

“Por eso, lo fundamental para mí –agrega– es que toda persona que tenga algo para decir o contar me escriba a mi Facebook”.
Cuando se le señala que tiene una capacidad innata de líder, se ríe. “La vida me va llevando, yo simplemente me dejo”, dice.
Sobre el modo en que la sociedad reacciona ante la discapacidad, reflexiona: “Creo que no hay que parar de hablarla para que se naturalice y se deje de ver como un fenómeno paranormal. La gente cree que la discapacidad es algo que nunca en la vida le va a tocar y al que le toca, que va a ser la muerte, que una silla de ruedas es sinónimo de algo terminal. Nadie sabe qué va a pasar el día de mañana. Le diría a la gente que no haga una rampa por mí, que la hagan porque no saben qué puede pasar mañana”.
Como ejemplo, cuenta que hace dos años va a la Ciudad Universitaria en ómnibus y que los colectivos que tienen rampa pasan cada dos horas. “Si pierdo uno, pierdo la clase. Donde lo tomo, a tres cuadras de mi casa, no hay rampa en la vereda y en este tiempo sólo se subieron otras dos personas en el ómnibus. Creo que la gente no sale a la calle porque es muy complicada la accesibilidad. Hay miles de personas en sillas de ruedas, pero no las vemos”, comenta.
La mirada de Rosario
“Nunca me sentí una persona enferma ni discapacitada. Soy una persona igual que el resto y por estar en silla de ruedas se me abrió un montón de oportunidades. Gracias a mi silla de ruedas hoy puedo hacer muchas cosas, lo agradezco toda la vida, en ningún momento lo padezco, ni quiero dejar la silla”.

