Salud mental. La resiliencia alta reduce hasta cuatro veces los síntomas de ansiedad y depresión
Una investigación identificó cuatro perfiles de resiliencia y su impacto en la salud mental durante la pandemia por Covid-19.
Las personas con altos niveles de resiliencia presentan los índices más bajos de ansiedad y depresión y muestran mejores estrategias de afrontamiento ante situaciones adversas.
Así lo concluye un estudio de la Universidad de Bangor, Reino Unido, publicado en la revista científica Plos One, que analizó cómo distintos perfiles de resiliencia influyen en la salud mental.
La investigación desarrolló una herramienta de evaluación de 13 ítems que mide cinco dimensiones: resiliencia general, física, social, cognitiva y emocional. A partir de tres estudios con 181, 284 y 400 participantes, los autores identificaron cuatro perfiles diferenciados y su relación con el bienestar psicológico durante la pandemia por Covid-19.
Cuatro perfiles de resiliencia
El perfil más frecuente, que reunió al 46% de los participantes, mostró baja resiliencia y baja anticipación frente a amenazas. Este grupo registró niveles bajos de ansiedad y depresión, pero también mayor impulsividad y menos conductas preventivas, como el uso de mascarillas.
Un 37% presentó resiliencia moderada, con componentes proactivos y reactivos equilibrados. Sin embargo, experimentó mayores niveles de ansiedad y depresión y fue el más propenso a asumir riesgos.
En tanto, el 12% evidenció baja resiliencia general, con alta anticipación pero escasa capacidad de superación. Este grupo registró los niveles más altos de ansiedad y depresión y los indicadores más bajos de bienestar y afrontamiento.
Solo el 6% alcanzó niveles altos de resiliencia. Estas personas mostraron los menores índices de ansiedad, depresión e impulsividad, junto con mayores niveles de bienestar y conductas preventivas.
Un proceso dinámico frente a la adversidad
El modelo propuesto por los investigadores describe cuatro etapas de la resiliencia: anticipar, prepararse y minimizar amenazas (fase proactiva); gestionar la situación durante el desafío (fase reactiva); y reparar, es decir, aprender y recuperarse tras la adversidad.
“Conceptualizamos la resiliencia como un proceso dinámico que implica anticipación, gestión y recuperación. Las combinaciones de estos procesos son tan importantes como su nivel general”, señalaron los autores.
Según el estudio, los niveles más altos de resiliencia proactiva y reactiva se asociaron con mejores resultados psicológicos y mayor adopción de comportamientos preventivos durante la emergencia sanitaria.
Alcances y límites del estudio
Los investigadores reconocieron que la muestra estuvo compuesta principalmente por estudiantes y adultos jóvenes, y que la medición se basó en autoinformes. Por ello, plantearon la necesidad de validar los resultados en poblaciones más amplias y en distintos contextos estresantes.
No obstante, sostienen que identificar perfiles de resiliencia puede contribuir al diseño de intervenciones personalizadas para prevenir o reducir síntomas de ansiedad y depresión.

