La pregunta del millón
Durante una semana, mientras su pueblo se transformaba en una Venecia decadente con calles ocultas bajo ríos, casi todos los habitantes de Pozo del Molle se fueron preguntando de dónde sale tanta agua.
Durante una semana, mientras su pueblo se transformaba en una Venecia decadente con calles ocultas bajo ríos, casi todos los habitantes de Pozo del Molle se fueron preguntando de dónde sale tanta agua. Nunca el pueblo se inundaba y en un par de años se tapó de agua varias veces. Muchos repiten aún que llega por un desvío del río Tercero que, de manera intencional y secreta, se hizo para bajar el caudal y evitarles nuevas inundaciones a Villa María y a Bell Ville.Pero ese río está a lejanos 80 kilómetros, este año no tuvo crecidas importantes y generar un desvío que nadie perciba resultaría una hazaña tan extraña como impedir que llueva por decreto. Sin embargo, la creencia se instaló, ante la falta de respuestas oficiales a la pregunta del millón.De dónde sale tanta agua es el interrogante que se repite en media provincia.Asoman algunas evidencias. Ha llovido mucho más de lo habitual y por tercer año consecutivo, por lo que los suelos en ciertas regiones llanas ya no absorben más agua. Se suman napas sobrecargadas que ya rozan el suelo. Los campos no retienen ni una gota y sólo la derivan, lo que genera una masa hídrica que se agiganta, en un fenómeno facilitado por la ausencia crónica de tareas de conservación de suelos rurales.Hay más: en los últimos años, casi desapareció el trigo en invierno y bajó la rotación con maíz en verano. Con sólo soja, el consumo agrícola de agua se redujo.Pero a la lista se agrega otro factor clave que ayuda demasiado: poco se hizo para evacuar planificadamente los excesos hídricos mediante canales rurales. Recién ahora, ante la evidencia, aparecen los anuncios de canalizaciones por venir.

