La pobreza y la “sensación” de pobreza
Países como Cuba –con derechos políticos limitados al partido único– o Corea del Norte –uno de los regímenes más represivos y herméticos del planeta– no difunden las cifras oficiales de pobreza. Seguro se miden. Pero no se publican.
Países como Cuba –con derechos políticos limitados al partido único– o Corea del Norte –uno de los regímenes más represivos y herméticos del planeta– no difunden las cifras oficiales de pobreza. Seguro se miden. Pero no se publican. Lo mismo que Argentina hace –mejor dicho, dejó de hacer– hace casi un año. Hasta en la Venezuela de Maduro esas estadísticas se conocen."La medición de la pobreza es estigmatizante", dijo hace pocos días el ministro de Economía de la Nación, Axel Kicillof, como justificativo del ocultamiento y de la toma oficialista del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).Más allá del sinsentido –que pone a toda la población en riesgo de ser estigmatizada por algún índice–, la última vez que el Indec midió la pobreza, a comienzos de 2013, esta era de 4,7 por ciento, y de 1,7 por ciento la indigencia.Para el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza es del 27,5 por ciento (5,5 por ciento de indigencia). Para la CTA opositora, llega a 17,8 por ciento la pobreza y a 4,2 por ciento la indigencia. Para el Cippes, la pobreza es del 31,4 por ciento, y para el Banco Mundial, 15 por ciento.La pregunta de quién tiene razón esconde un interrogante previo: ¿cómo mide cada uno ese índice?Salvo la UCA, casi todos lo hacen a través del ingreso y del índice de precios al consumidor –que ahora el Indec llama índice de precios nacional urbano.Por eso, la pregunta de fondo es otra: ¿Qué quiere decir ser pobre hoy?En la década de 1980, el filósofo y economista indio Amartya Sen –Premio Nobel de la Paz en 1998– fue uno de los precursores de una nueva forma de mirar y medir la pobreza. Bajo este enfoque, no importa tanto cuánto puede comprar una persona, sino qué puede hacer: cómo come, cómo vive, qué servicios recibe, cómo se inserta en la vida comunitaria, etcétera.México y Colombia, a la vanguardia de los países del mundo, adoptaron este índice de pobreza multidimensional (IPM), que se construye con base en estas dimensiones: las condiciones educativas del hogar, las condiciones de la niñez y la juventud, la salud, el trabajo, el acceso a los servicios públicos domiciliarios y las condiciones de la vivienda. En el caso mejicano, incluye el ingreso corriente per capita , rezago educativo, acceso a la alimentación y grado de cohesión social.Bajo ese enfoque, ¿qué quiere decir ser pobre? La respuesta entraña problemas más complejos que el de los ingresos y el de los precios.Los cordobeses todavía nos asombramos de que muchos vecinos saquearan televisores en diciembre de 2013, ya que "no eran gente que pasa hambre". Es la mejor prueba de que la pobreza ya no tiene que ver con aquella noción tan simple.Para reconocerlo, habría que sincerarse. Pero, ya se sabe, hay demasiadas elecciones en el calendario.

