La inseguridad cambia la crianza de los chicos
El temor a salir les quita autonomía. Juegan poco en la calle y siempre acompañados. Pasan horas frente a las pantallas, comen más y son sedentarios.
"Estas chicas no tienen coordinación, hay grandes retrasos motores", diagnostica Pablo, preparador físico de vóley del Club Poeta Lugones. Se refiere a las jóvenes menores de 12 años que, según su experiencia, carecen de destrezas mínimas a la hora picar y devolver una pelota. Basta mirarlas para advertir que el problema es simple: faltan horas de juego. Maestras, padres y madres coinciden en que las generaciones que hoy están en las aulas tienen demasiada tecnología y poco patio. Según el Barómetro Social de la Infancia 2015 de la Universidad Católica Argentina, 57,5 por ciento de los chicos no suele realizar actividad física ni deportes fuera de la escuela. El 59,1 por ciento de los chicos de 5 a 12 está más de dos horas diarias frente a las pantallas, límite que, si se supera, se considera nocivo.¿Cuánto de esto es culpa de los padres? Abunda el discurso que los castiga por permitirles demasiadas horas de pantalla: de tele, de teléfonos, de tablets. Y es probable que en muchos casos sea así. Pero lo cierto es que la inseguridad ganó la calle y cercenó muchas de las prácticas de la infancia que fueron habituales entre quienes hoy son adultos. "A mí mi suegra me reta porque los chicos se pasan la tarde en la play . Pero ella dejaba a sus hijos todo el día en la vereda, entraban y salían sin dramas hace 35 años por barrio Juniors, mientras ella estaba en la casa. Ojalá pudiera hacer lo mismo, pero me toca trabajar y tener los chicos adentro porque a la vereda ya no pueden ir", dice Alejandra, mamá de dos varones en primaria. Temores La inseguridad cambió la forma de crianza de los niños y adolescentes. "Salir a la calle es casi imposible, se teme a los robos y el caos de tránsito. Da miedo que los chicos salgan solos", dice Sheila Amado, licenciada en Comunicación y socióloga de la Universidad de Buenos Aires. "Estar adentro" es sinónimo de estar conectado, con lo que aparece otro problema: "Los chicos se vuelven muy inactivos porque no corren y se la pasan comiendo", dice Amado. Ese encierro tiene, además, otras consecuencias. Una es que criamos niños sin autonomía, incapaces de asumir mínimas responsabilidades que requieran contacto con el mundo exterior. "Mi nena de 8 años no va sola al almacén que está a dos cuadras", grafica Natalia.Hay también una mirada omnipresente del adulto: a todos lados son llevados, son buscados, son acompañados. "La escuela ha quedado como el único espacio de encuentro entre chicos: en la calle no se puede, los clubes han perdido peso como institución y en la escuela se da casi el único contacto exclusivo entre pares", apunta Liliana Caro, psicóloga educacional. Qué hacer Ante este panorama, los especialistas recomiendan, en primer lugar, no rendirse. "La población tiende a aceptar que el espacio público es de los otros. Y no, hay alternativas para apropiarse, hay que mejorarlo, y la familia tiene que salir a los espacios públicos", señala Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia. "Hace falta un compromiso mayor de toda la sociedad con los niños y con el espacio público", remarca. Sugiere la puesta en marcha de los corredores escolares; esto es, que en las calles que conducen a las escuelas haya presencia policial, que los vecinos y comerciantes salgan a la vereda en los horarios de ingreso y egreso del colegio para que todos vigilen a los niños.Otro punto importante está en las condiciones de los espacios públicos: que haya juegos cuidados, bebederos y limpieza. "En los barrios populares el Estado ha abandonado mucho más esos espacios que en los barrios de mejor nivel socioeconómico. Hay que recuperarlos", dice."Es difícil decirles a los padres que no cuiden a los hijos, y es cierto que viven siempre acompañados. El ideal sería ciudades seguras, pero habrá que entender que es la vida que nos tocó", señala con realismo Gustavo Iaies, especialista en educación.

