La incertidumbre que tiene Ariel
Se advierte una mayor conciencia de que todos los indicadores están deteriorados.
"Es una locura, así no dan ganas de trabajar", dice Ariel, al frente, hace ocho años, de una pollería en barrio Poeta Lugones de la ciudad de Córdoba. Dice que nunca le pasó lo de estos días: el cajón de pollo, que hace dos semanas pagaba 515 pesos, ayer lo acababa de pagar $ 620. Reconoce que no sabe el precio que va a tener la semana que viene, que el distribuidor que los trae de Entre Ríos le dijo que va a seguir subiendo para las Fiestas. "Yo le pregunto por qué sube, y él tampoco sabe".Eso lo obliga al retoque constante de precios, a la incertidumbre de cómo responderá la demanda cuando él traslade las subas y, en definitiva, a la intranquilidad permanente.La confusión es total. Hay sectores que remiten sus actualizaciones de precios a cuestiones que se vinculan con variaciones de la oferta y demanda, condicionadas por el atraso del dólar, las políticas de control al consumidor y demás.Algunos tienen razones valederas de pérdidas insostenibles. Otros esgrimen que en los negocios siempre se busca la oportunidad de tener mejor precio y eso aparece como cierto después del 10 de diciembre, así que se decide no vender hasta que esa mejora aparezca.Se suma esto a un virtual vacío de poder en las áreas de Comercio de la Nación, secretaría que en los últimos años buscó que al menos en 100 productos del Precios Cuidados la inflación fuera más o menos la que relevan los indicadores oficiales. Y están los especuladores de siempre, que en cuanto pueden hacen ganancia del río revuelto.Hasta ahora, la percepción del consumidor común –que ve ofertas, planes largos, descuentos y un empleo que todavía resiste– era que la economía seguía funcionando, aunque un poco a los tumbos. Ahora se advierte una mayor conciencia colectiva de que todos los indicadores macroeconómicos están deteriorados (el déficit fiscal es galopante, no hay reservas genuinas, inflación reprimida y exportaciones casi paradas, entre otros) y que eso, tarde o temprano, se sentirá en la economía cotidiana.Eso teme Ariel. En el fondo, la duda es si la olla ya se destapó. Y, si así fuera, cuánto falta.

