"La idea es el cuerpo invisible al que visten las palabras"
Teodoro Isaac es médico psicoterapeuta y docente, pero dice que la mayor sabiduría la aprendió en la huerta familiar. Es un estudioso del valor de las palabras.
Teodoro Elías Isaac (79) "es esencialmente un maestro, esa categoría de la que el mundo académico está siempre tan necesitado". Así lo definió el Consejo de Profesores de la Facultad de Filosofía y Humanidades en los fundamentos del proyecto que elevó al Consejo Académico de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), en 2010, para que lo declarara Doctor Honoris Causa de esa casa de altos estudios, a la que ingresó como catedrático en 1964. Y el sayo le calza a medida. La sola invocación de su nombre entre colegas y discípulos provoca en ellos un reconocimiento que se manifiesta con admiración y agradecimiento. Sin embargo, se considera sólo un compañero de quienes comparten con él la aventura del conocimiento y atribuye la dicha que siente en el andar por ese rumbo, al vínculo personal que construye con ellos. "El trato permanente con alumnos se renueva y me renueva. Ellos me enseñan a pensar", celebra el profesor titular de Psicoanálisis II de la UCC.Isaac nació en Matorrales, departamento Río Segundo, el 28 de diciembre de 1932. Su papá era tendero y su mamá, ama de casa. "Soy el séptimo de diez hermanos pero no me transformo en lobizón las noches de luna llena", aclara y cierra el comentario con una sonrisa. Las lecciones de la huerta. Da la impresión de que el ambiente universitario es a él lo que el mar a la medusa. Por eso sorprende cuando afirma que, en la infancia, aprendió más lecciones de vida en la huerta familiar que en los claustros superiores. "El trabajo en la tierra me enseñó casi todo lo que sé; mucho más que las instituciones educativas", asegura sin titubeos. –¿Cómo lo explica? – Por cuestiones familiares y laborales, cuando terminé la primaria tuve que hacerme cargo de la huerta familiar en la que producíamos alimentos para consumo propio y para compartir con los demás. Trabajar la tierra, cultivarla, cuidar de la siembra, cosechar, me enseñaron de niño cosas que me sirven aún y me ayudan a entender el mundo y los cambios permanentes. –¿Un ejemplo? – Que la adaptación a la comunidad es fundamental para el desarrollo individual. Si una planta no se adapta a su entorno, no logrará su propia individualidad, porque el sol, la tierra, el aire y el agua de lluvia que la riega son los mismos para todas las que comparten el ambiente.Teodoro Isaac cursó la primaria en Villa del Rosario, en el colegio lasallano San José. Luego estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario Menor de Nuestra Señora del Rosario del Milagro, en Jesús María, y en el Seminario Mayor de Nuestra Señora de Loreto, de Córdoba. A los 25 años ingresó a Medicina en la UNC y se graduó en enero de 1963. El despertar de la vocación. Dice que Elías Halac influyó en su vocación de médico. "Era pediatra y tenía un trato especial con sus pacientes. Era de Córdoba y viajaba todas las semanas a Villa del Rosario, Matorrales y la zona. Le decían el 'dios de los niños", comenta y tributa algunas lágrimas a ese recuerdo. En 1962 empezó a trabajar como celador en el colegio Pío XII, de barrio Las Flores, que fundara unos años antes el presbítero Felipe D'Antona. "Fue una experiencia muy entrañable e intensa. Era un colegio nocturno al que iban a parar los desplazados de otras escuelas; la mayoría de alumnos provenía de sectores sociales excluidos", explica.Su graduación de médico, un año después, coincidió con el nombramiento como director de ese establecimiento educativo del sur de la ciudad."Lo primero que hice fue crear un dispensario en el aula de música donde estaba el piano. Ahí atendía a los alumnos y a sus familiares", dice con nostalgia.Desde entonces, la docencia y el ejercicio profesional marchan de la mano.En 1964, se incorporó al claustro docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UCC, en la que sigue enseñando. También fue catedrático en los Universidades Nacionales de Córdoba, Salta y del Litoral. El amor por las palabras Isaac se declara un enamorado de las palabras. "Las ideas son el cuerpo invisible al que visten las palabras", afirma. "Por eso, si no hacemos un correcto uso de ellas, las ideas seguirán escondidas dentro de uno o saldrán deformadas", advierte.En 2010 publicó el libro titulado La palabra alterada. El valor de la palabra en la lengua castellana: un nexo entre los distintos campos del saber . En ese libro explica: "La palabra alterada es una palabra que no tiene en cuenta al objeto que nombra, ni al otro a quien va dirigido el mensaje. Por eso es narco: el diálogo, que es habla de dos, está bloqueado y deformado en un vacío monólogo. No dice nada". –¿Se ha descuidado el valor de las palabras? – Diría que no se lo ha cuidado casi nunca y eso tiene efectos muy negativos, no sólo en el plano de la comunicación, sino en todos los campos.
Profesores y alumnos
Teodoro Isaac sostiene que la “Universidad está allí donde estuvieren un profesor y un alumno”. Consecuente con la certeza, organizó en su casa una biblioteca particular que está a disposición de sus alumnos. Reconoce a Sigmund Freud y a Karl Jaspers como los máximos exponentes del psicoanálisis y la psicopatología general, respectivamente.

