La fotógrafa de los partos en casa
Además de ser conocida por sus fotografías documentales de bodas, sus imágenes únicas de nacimientos permiten acceder a uno de los momentos más íntimos del ser humano.
El teléfono suena a las dos de la mañana en la casa de barrio Argüello. Natalia Roca atiende: es la doula , la mujer especializada en asistir a embarazadas. Ya es hora, le dice. Un rato más tarde la fotógrafa está instalada en un departamento de dimensiones mínimas en un edificio de la esquina de bulevar San Juan y Cañada. Una pareja de jóvenes estadounidenses, que viajó especialmente a la ciudad de Córdoba para que su hijo naciera aquí, espera el momento. Las horas pasan. Natalia se ocupa de fotografiar la espera. El sudor, el dolor. La inminente madre en sus idas y vueltas por el breve living. La ternura con la que la acompañó su pareja. El seguimiento de la doula en el ambiente iluminado con velas. La Luna creciente del cráneo del recién llegado. La felicidad. El parto. Cuando está amaneciendo, ya nació Twain. Novias observadas Era abril de 2012. Esa fue la primera vez que Natalia Roca fotografió un nacimiento en casa. Antes lo había intentado cuatro veces en hospitales. Nunca la dejaron entrar a la sala de partos. "Me cansé de esa violencia obstétrica que, en tres de los casos, condujo después a cesáreas". Natalia habla en la terraza de la casa que alquila en Saldán. Invita con mate y pan casero con miel. Es todo árbol y sierras, una exageración de naturaleza. "Me dije: esa violencia no la registro más". Antes de apuntar sus lentes a las panzas en punto de ebullición, Natalia venía de conseguir un nombre como fotógrafa documental de casamientos. En sus incursiones por centenares de bodas, ni uno solo de sus fotografiados mira a cámara ni hace muecas frente al objetivo. No hay fotos de novias que posen con sus vestidos, no hay tías y suegras y madrinas abrazadas para salir en la foto, no hay recorridos por las mesas de los invitados. Ver sus fotos de bodas es ser testigos de una experiencia etnográfica. No hay intenciones estetizadoras. Aparece la novia que se viste con ayuda de sus amigas y se ríe, el novio en cueros tomando una cerveza mientras espera que llegue la hora, los nenes vestidos de smoking y que se meten el dedo en la nariz, los padres que se abrazan y disfrutan viendo la fiesta de lejos. Es como si la fotógrafa hubiera sido invisible, como si nadie se hubiera dado cuenta del disparo. El resultado es naturalista, calmo, hermoso. Con intención documental En 1998 Natalia comenzó a trabajar en el laboratorio de una casa de fotos instalada en la avenida Vélez Sarsfield. Por entonces, tenía una Pentax K1000. "Estaba encargada del control de calidad de las fotos. Todos los días revelaba y veía cientos de historias. Después me cruzaba en la calle con alguna de esa gente y sentía que las conocía". Con lo que cobró por el juicio laboral que siguió a su desvinculación, se compró su primera digital, una Nikon D100, en 2003, y se independizó. Antes había estudiado cuatro años de diseño industrial y dejado inconclusa la carrera de artes plásticas luego de cinco años de cursado. Primero trabajó como fotógrafa de modas, de publicidades y cubría bodas para otros fotógrafos. Llevaba 15 rollos en el chaleco y los usaba todos en una sola fiesta. "Hacía el trabajo que me pedían: la fotografía estandarizada de casamientos: la foto del anillo, los novios de la mano y mirando hacia atrás para que se viera la cola del vestido, el ramo de la novia. Era todo un rito mecanizado. Me cansé de eso". En 2011 se separó de un estudio que había formado con otros fotógrafos. Le gustaba mucho el trabajo del fotógrafo británico Jeff Ascough y del argentino Marcelo Augelli, que incursionaban en el registro documental de eventos sociales. "Quería hacer otro tipo de fotos. Por ahí metía una foto distinta en un álbum de bodas y quizá la novia se horrorizaba y decía 'oh, están todas las caras azules', y no le gustaba. A mí me agradan las fotos movidas, con el grano forzado, con la textura que da la luz natural, me parecen buenos recursos expresivos". Su estilo prendió rápidamente, los clientes comenzaron a llegar y Natalia se convirtió en la fotógrafa preferida de la más famosa wedding planner de la Argentina, que hasta incluyó sus imágenes en un libro especial sobre organización de bodas. "Algunos colegas me decían que no hay mercado para este estilo, que los cordobeses prefieren otra cosa, pero funcionó". Hoy Natalia trabaja principalmente en bodas de Buenos Aires y cubre unas 30 celebraciones por año. Se hace valer. Madres al natural En 2008 y 2009 Natalia tuvo su segundo y tercer hijo en su casa de Argüello, ayudada por una partera que ella conocía. "Fue una experiencia muy fuerte, en compañía de mi pareja. A Ciro lo tuve en cuclillas y a Mora en una piletita. Lo que siguió, naturalmente, fue acompañar ese proceso con la fotografía". Natalia comenzó a meter su cámara en una de las situaciones más íntimas del ser humano: el parto. Las imágenes son tan naturalistas y conmovedoras como las de sus bodas, tomadas con luz natural, sin flashes, pero aquí nadie está con su ropa de gala ni preparado para la mirada de los demás. "Me interesó mostrar esta forma natural de nacimiento, holística, que se contrapone al paradigma tecnocrático que trata a la mujer como a una máquina que debe parir un producto, un bebé higiénico y aséptico. Me inspiré en el trabajo de la antropóloga Robbie Davis-Floyd".Luego de acompañar a la pareja de estadounidenses en 2012, Natalia ha fotografiado más de 20 partos hogareños. Sus fotos circulan por sitios de numerosos países que elogian el valor artístico y comentan su trabajo como una militancia a favor del parto no hospitalario. Otra vez, mientras uno mira las fotos, vuelve a sentirse un testigo invisible, alguien a quien se le permite asomarse a esa intimidad de cuerpos redondos, caricias, toallas, lágrimas, gritos, bañeras y abrazos. El proyecto se titula "Dar a luz", y algunas imágenes están en su web nataliaroca.com o en sus páginas de Facebook. Natalia dice que, aunque luego de compartir esa experiencia termina haciéndose amiga de las parejas, quienes la llaman para registrar sus partos no siempre son conocidos. "Lo que fotografío es algo natural y hermoso. Son niños que llegan al mundo mientras sus madres están siendo acariciadas y besadas por sus compañeros, ayudadas por doulas y parteras, en un ambiente calmo y hermoso, sin sillas de ruedas, ni sueros ni peridurales. La maternidad fue una experiencia que me atravesó personalmente, y ahora la puedo registrar, contextualizar, y darle un marco de época, como de documento histórico".
Quién es
Cordobesa. Natalia Roca nació en el barrio Poeta Lugones, de la ciudad de Córdoba, en una familia que hasta entonces no tenía fotógrafos ni artistas.
Sierras. Tiene 39 años, vive en Saldán, en una casa con vista a las sierras, y tiene tres hijos. Los dos últimos, los parió en su casa. Estudió diseño industrial, artes plásticas y es fotógrafa autodidacta.
Etnografía. Se especializa en la fotografía documental o etnográfica de bodas, y de partos hogareños. No tuvo fiestas de casamiento ni se dejó fotografiar cuando tuvo a sus hijos, y hoy se arrepiente de esta última decisión.

