La fiesta que entusiasmó a los K
La oposición, debilitada, sigue creyendo de los Kirchner no tienen retorno. Roberto Battaglino.
Argentina vuelve hoy, por unos días, al país de los problemas cotidianos. En un par de semanas, la fiesta del Bicentenario que ayer quedó atrás será reemplazada por la pasión del fútbol desde Sudáfrica. Y habrá, entonces, otro respiro.
En el medio, el oficialismo no disimula su satisfacción. Varios voceros del Gobierno interpretan el clima de estos días como una señal más de la recuperación de imagen del matrimonio Kirchner y lo inscriben en la estrategia previa de lanzamiento de la candidatura de Néstor.
Más allá de la comidilla de ausencias y presencias, la gente -que ayer generó una de las concentraciones más masivas desde la recuperación democrática- disfrutó sin reparar en quién organizaba. No obstante, el kirchnerismo aprovechó el despliegue para remachar con los ejes centrales de su discurso, como lo hace fin de semana tras fin de semana con el fútbol. Justamente, el fútbol es una de las grandes apuestas K. Por caso, la despedida de la selección en el Monumental tuvo mensajes y estética kirchnerista. Cincuenta mil personas aplaudiendo a niños con la camiseta argentina del programa de Asignación Universal por Hijo, con el locutor resaltando la inclusión social que ello significa, no es un dato para soslayar.
Además del equipo de todos, hay una expectativa en que repunten los clubes grandes (algunos arrancan pensando en el descenso) para penetrar a más hogares con la difusión de los logros de la pareja santacruceña, en el estratégico segundo semestre.
La fiesta del Bicentenario, los mensajes futboleros, la mayor actividad económica, una mejor relación con gobernadores e intendentes y el bombardeo de inauguraciones y anuncios de impacto son los pilares del sueño K para 2011. Hace unos meses, la mayoría lo creía una quimera; hoy, el análisis político es más relativo, aunque no deja de hacer notar que la mejora de imagen, en especial de Néstor, sigue dándose sin reducir un amplio núcleo duro de rechazo.
Esa es la argumentación central de la oposición, que está más débil que en aquel junio de 2008, porque no logra unificar liderazgos ni imponer una agenda. "Ninguno de nosotros mide más del 15 por ciento", se confesó ante este diario uno de los anotados para suceder a Cristina. "Pero Néstor no va a pasar el 30 por ciento, así que cualquiera que llegue a la segunda vuelta, es presidente", completó.
Mientras tanto, con el clima del Mundial y el festejo de los 200 años, la sociedad vuelve a mandar mensajes de que no la atrapan demasiado los microclimas políticos; de que, si no hay turbulencias económicas, se interesará recién cuando esté avanzado el proceso electoral.
Y eso nunca se sabe a quién le conviene más.

