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La cuenta que se animó a pedir Andrea

Andrea pidió la cuenta: cuatro adultos y dos niños en uno de los patios cerveceros más conocidos de Villa General Belgrano, en la provincia de Córdoba. 

02 de marzo de 2014 a las 01:58 p. m.
La cuenta que se animó a pedir Andrea

Andrea pidió la cuenta: cuatro adultos y dos niños en uno de los patios cerveceros más conocidos de Villa General Belgrano, en la provincia de Córdoba. La moza se acercó y, sin pudor, contó las gaseosas, miró los platos, sumó mentalmente y dijo "580 pesos". Andrea le pidió una cuenta escrita, no verbal. Entonces, la muchacha buscó la carta en la que figuran los precios y la orden de pedidos que les había tomado, donde estaban los casilleros tildados de los platos que habían ordenado. Había que buscar esos casilleros tildados, encontrar el precio en la carta y hacer la suma, también mentalmente.Insistente y a esa altura enojada, Andrea le pidió una factura. Lo curioso fue que el resto de la mesa se incomodó e intentó desalentar a Andrea en su minicruzada tributaria.Pedir el ticket no es una opción: es una obligación del consumidor. No debería dar vergüenza ni incomodar a nadie. Ese es el primer eslabón de una cadena que termina luego con un 40 por ciento de las transacciones comerciales no registradas. Evasión El ticket que finalmente trajo la moza era el número 2.481 de un patio cervecero que tenía como fecha de inicio de inscripción en el Impuesto sobre los Ingresos Brutos el 1° de noviembre de 2013. La cuenta arroja que ese local entregó, en promedio, 20 tickets por día en plena temporada turística, abierto todo el día. Falla el Estado en controlar la evasión, falla el comerciante en su obligación de emitir factura siempre y por todo concepto, y falla el ciudadano, principalmente porque le da lo mismo.Sólo en productos electrónicos se pide sin culpa el ticket , para hacer valer la garantía, pero en otros rubros –como la indumentaria– se acepta sin vueltas la consigna "con la bolsa podés hacer el cambio". Incluso Andrea: terminó pidiendo factura sólo porque le molestó la cuenta verbal. Probablemente hubiera pagado sin chistar si le traían un remito sin valor fiscal.Entre Impuesto al Valor Agregado (IVA), Ingresos Brutos y tasas de comercio municipales, la carga impositiva ronda el 30 por ciento. En la mayoría de los casos, los precios de los menúes contemplan el costo del alquiler, del personal (como si siempre estuviera registrado) y de todas esas obligaciones impositivas.Cuando el consumidor paga el precio pleno, hay un 30 por ciento adicional que se cobra en nombre del Estado pero que se lo queda el comercio. Además, a menor facturación declarada, menor será lo que pagará ese comercio por Impuesto a las Ganancias en caso de ser una sociedad de responsabilidad limitada. Ilegal Hay comercio ilegal que puede vender hasta 30 por ciento más barato si no está inscripto en ninguno de esos tributos y comercia todo en negro, pero que podría estirar hasta el 50 por ciento la rebaja en los precios si también compra en negro, porque no se le incluye el 21 por ciento de IVA. Esta es una realidad ante la que protesta, corporativamente y con razón, el comercio cuyas ventas están ciento por ciento registradas. Pero después hay una fila interminable de comercios que operan en gris: factura una venta cada tanto, según la cara del cliente o ante esporádicos pedidos como los de Andrea.