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La ciudad “para pobres” de la que reniega Julia

¿Cómo es que la segunda ciudad del país no pudo subirse a reformas de segunda generación?

11 de marzo de 2016 a las 12:05 a. m.
La ciudad “para pobres” de la que reniega Julia

"Yo creo que el intendente tiene una ciudad para pobres... que no es la ciudad en la que vive él", se queja Julia, que sabe que Ramón Mestre vive en un country de Córdoba capital. "Yo no manejo; voy en troles todos rotos que pasan llenos cada 40 minutos; las calles están sucias; las plazas, tapadas de yuyos, y la basura por días no se retira", enumera. "No quiero vivir en una ciudad para pobres; quiero que mi ciudad esté mejor. Y es tal la decadencia... está cada vez peor", reclama. Las lluvias que este verano no dieron tregua en Córdoba desnudaron esa decadencia estructural que azota a la ciudad. No hay barrio que se salve de la ausencia permanente de la autoridad pública. No hubo ni hay presencia de este Estado servicial, que es lo que se le demanda al municipio: que se tapen los baches, se reparen las luces, se mantengan los espacios verdes, se ordene el tránsito. Es lo mínimo para una convivencia urbana. Muchos factores ¿Qué nos pasó? ¿Cómo es que esta segunda ciudad del país no pudo subirse a ningún tren de reformas de segunda generación? ¿Cómo perdió oportunidades de desarrollo industrial? ¿Cómo no aprovechó la bonanza del campo, la generosidad de su intelecto universitario? No hay una sola respuesta. La primera quizá sea la más evidente: el poder político que decide sobre las finanzas municipales fue rehén del interés de los gremios, que se llevaron todo lo que pudieron. Los tres más combativos y con poder de fuego suficiente como para parar una ciudad convergen en el municipio: los estatales del Suoem, los recolectores de basura del Surrbac y los choferes de UTA. En 2003, Luis Juez asumió la intendencia con 7.597 empleados de planta. En su gestión, se jubilaron 1.163 agentes: los repuso a todos y nombró a 2.153 más, según los datos de aportes que muestra la Caja de Jubilaciones. Al retirarse, un tercio de los 9.750 empleados había sido nombrado por él, sin concurso y –a la luz de la experiencia posterior– sin demasiada actitud de servicio ciudadano. Ganas de trabajar, como le llaman en el sector privado. Se cambió el capital humano que forma parte de las filas municipales. Muchas extensiones y bonificaciones que cobraban quienes estaban en la calle fueron también pagadas a los de oficina y este Estado (que siguió creciendo, al punto que son 10.845 a 2014, según la Caja) se replegó de las calles, que es donde lo reclama el vecino. Fondo negro Otra explicación es que poco y nada se sabe de cómo se usan los recursos en el municipio. Los datos del Presupuesto de la ciudad tienen un año; los de sueldos, dos. En la página de transparencia del municipio no hay un número de 2016. No hay manera de conocer cuánto se paga por el servicio de basura, por la tercerización de los espacios verdes o del bacheo, por ejemplo.Pero quizá haya alguna explicación más profunda. Con la excusa de buscar seguridad, hubo una migración masiva de ciertas franjas de la población, que se refugió en countries y barrios cerrados: paga expensas de seis a 10 mil pesos por seguridad, pero eso incluye también la plaza sana, el pasto cortado, las calles mantenidas, las luces en funcionamiento.Una porción importante de la población –esa elite vinculada a espacios académicos, empresariales y profesionales– se retiró de la urbe pública y se refugió dentro de alambrados donde todo funciona. Dejó de demandar ciudad. La recorre, sí; pero la padece poco, porque tiene lo que hace agua por todos lados: lo paga de su bolsillo, además de pagar por la ciudad que no usa. Quizá sea demasiado exagerado eso de "ciudad para pobres" que dice Julia. Pero que es una ciudad fragmentada, seguro.