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La ciencia argentina durante la Independencia

Hace 200 años, cuando Argentina comenzaba a constituirse como país independiente, Isaac Newton ya había publicado Principia, el pilar de la física moderna, y Lavoisier había dejado su legado fundacional en química.

07 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
La ciencia argentina durante la Independencia
MÉDICOS. Óleo de Antonio González Moreno del tribunal del Protomedicato de Buenos Aires.

Hace 200 años, cuando Argentina comenzaba a constituirse como país independiente, Isaac Newton ya había publicado Principia , el pilar de la física moderna, y Lavoisier había dejado su legado fundacional en química. Pero en 1810 apenas había dos docenas de médicos y cirujanos en Buenos Aires y la cantidad de ingenieros se contaba con los dedos de las manos.En aquella época, la Universidad de Córdoba no era una institución iluminada por la ciencia moderna. La lógica aristotélica inundaba sus aulas. Deán Funes apenas si pudo introducir la física experimental y la matemática en 1813.La enseñanza de la ciencia moderna en los años revolucionarios tuvo lugar en las escuelas profesionales: Escuela de Medicina del Protomedicato y Náutica, ambas en Buenos Aires. Estas instituciones estuvieron al servicio de las guerras independentistas, pues educaron oficiales y médicos militares. Ayudaron a lograr la Independencia. El combo más importante de aparatos científicos de aquella época lo tenía Martín José de Altolaguirre, un experto en agricultura. Fueron elementos heredados de su padre que él decidió vender a fray Pedro José Súlivan, el rector del colegio Monserrat de Córdoba. La transacción fue larga y marcada por una ardorosa disputa entre la física experimental y la aristotélica, y por internas religiosas. Lo cierto es que los aparatos nunca se usaron porque nadie sabía manejarlos. Clérigos Por paradójico que parezca, muchos de los conceptos de la ciencia moderna llegaron a la Argentina de la mano de los clérigos. Un ejemplo es Dámaso Larrañaga (imagen), quien conocía al dedillo la nomenclatura binominal de Lineo para la naturaleza (esa que dice que el nombre científico de la vaca es Bos taurus ).Larrañaga tenía la colección de curiosidades científicas más importante del Virreinato del Río de la Plata. Aunque con cierto desdén, él mismo la describe: "La de mi Entomología se compone de una escasa centuria de inmundos escarabajos y de tres docenas de unas tristes y desairadas mariposas; la de mi Ornitología consta de unas pieles de pájaros apolilladas; la de mi Ichtyologia, de uno u otro pez desecado, y algunos pellejos arrugados".Pero se sabe que era bastante más completa y contenía un importante herbario, fósiles y minerales. El santafesino Buenaventura Suárez (1679-750), un sacerdote misionero jesuita que estudió en la Universidad de Córdoba, fue quizá el primer científico criollo en términos actuales, porque fue el primero en publicar artículos en una revista especializada, Philosophical Transactions , en 1748 y 1749. Vicente López y Planes, el autor de la letra de nuestro Himno, utilizó estos trabajos para predecir un eclipse el 9 de junio de 1816.El historiador de la ciencia Miguel de Asúa asegura que esta etapa tuvo un efecto ambivalente en la ciencia del Río de la Plata. "Por un lado, muchas iniciativas y desarrollos científicos fueron postergados o se vieron frustrados; pero, por otro, se desencadenó un caudal de energías que con el tiempo redundaron en un crecimiento más vigoroso", expresa en su libro La ciencia de Mayo . En todo caso, la ciencia nunca dejó de existir y fue un pilar sobre el que se formó nuestra patria.