La caótica dirección de la historia
La historia no sigue el mejor camino posible para el ser humano.
Un día, el emperador Constantino decidió que el cristianismo dejaría de estar proscripto en el Imperio Romano. Ese simple gesto cambió la historia del mundo occidental. Se pueden poner millones de ejemplos similares de pequeñas decisiones personales que provocaron cambios globales.
El historiador Yuval Harari sostiene que la historia es un sistema caótico. La teoría del caos tiene un inicio moderno en la década de 1950 y un nombre: Edward Lorenz. Este matemático estaba tratando de crear un modelo para predecir el clima, cuando se encontró con el caos.
El artículo inicial fue publicado en 1963 en el Journal of Atmospheric Sciences bajo el título Flujo determinista no periódico.
Pasó inadvertido, hasta que logró divulgarlo con una pregunta famosa: ¿puede el aleteo de una mariposa en Brasil provocar un tornado en Texas?
En ese entonces, Lorenz utilizaba una computadora muy primitiva para construir su modelo climático. Cuando decidió volver a ejecutarlo, tuvo que ingresar los números directamente de una impresión anterior y dejó a la computadora calculando. Cuando regresó, el resultado era completamente diferente.
Lo que ocurrió fue que los números impresos tenían sólo tres decimales y no seis como los números utilizados en el primer cálculo. Lorenz, como cualquier científico clásico, nunca sospechó que esa diferencia ínfima (una parte por mil) sería tan contundente.
La meteorología es un sistema caótico de primer grado; esto es, que no reacciona a su predicción. Un acierto o no del pronóstico del tiempo no va a cambiar el clima.
En cambio, la historia es un sistema caótico de grado dos. Su predicción puede cambiarlo todo. El sistema financiero también es de grado dos. Si alguien lograra acertar con precisión cómo se comportarán las acciones en el futuro, cambiaría la forma en que estas acciones suben y bajan su valor.
Harari sostiene que por esta razón la historia no sirve para hacer predicciones. Cualquier predicción acertada cambiará el rumbo de los acontecimientos.
"Estudiamos historia no para conocer el futuro, sino para ampliar nuestros horizontes, para comprender que nuestra situación actual no es natural ni inevitable y que, en consecuencia, tenemos ante nosotros muchas más posibilidades de las que imaginamos", dice en su libro De animales a dioses.
Otra característica que le adjudica este autor a la historia es que nunca funciona en beneficio de los humanos. No hay pruebas de que la decisión de Constantino en el año 313 haya sido una mejor opción para la humanidad que, por ejemplo, el maniqueísmo, otra religión presente en esa época.
Es decir, la historia no sigue el mejor camino posible para el ser humano. Por este motivo, algunos historiadores sostienen que los verdaderos protagonistas de la historia no son los hombres y mujeres, sino las ideas.
Las ideas que materializan la historia son como los genes en la biología. Son unidades de información que se transmiten de un individuo a otro.
Al igual que en la evolución biológica, las culturas que más prosperan son las que logran dispersar más cantidad de “memes” (los genes culturales).
Uno de esos caminos impensados llevó al ser humano a realizar una revolución científica. Según Harari, esa caótica e inimaginable flecha de la historia convertirá al Homo sapiens en Homo deus, un ser humano que será un dios. Quién sabe. Nadie puede predecir la historia.

