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Koua, el maestro de Inglés que llegó de Costa de Marfil

Joseph era religioso cuando conoció a una misionera cordobesa. Su esposa es la protagonista del milagro de Namuncurá.

27 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Koua, el maestro de Inglés que llegó de Costa de Marfil
Diversidad. El color de Joseph, al principio, generaba curiosidad en las escuelas. Pero, luego, se convirtió en una fuente de conocimiento. “A los niños no les hace falta que le digan: ‘Ese es negro’. Lo están viendo” (Facundo Luque/LaVoz).

Joseph Koua Kouane (52) nació en Costa de Marfil, un país pequeño y superpoblado al oeste de África. Pero vive en Córdoba desde 1998, cuando llegó para casarse con Valeria Herrera. Se conocieron cuando él era religioso y ella, monja misionera en el Golfo de Guinea. Se enamoraron y abandonaron los hábitos para tejer su historia. Aunque, dice Joseph, Dios siguió teniendo un gran protagonismo en sus vidas: Valeria protagonizó el milagro que convirtió a Ceferino Namuncurá en beato.Hoy, la pareja tiene cuatro hijos. Y Joseph sigue haciendo lo que le gusta: educar. Es maestro de Inglés en dos escuelas municipales y en tres secundarios provinciales. La vida religiosa Koua nació en Frondobo M'Batto, al sudeste del país, una ciudad similar a Alta Gracia (su actual lugar de residencia), a 255 kilómetros del mar y de la capital Abiyán. Sus padres cultivaban cacao y café. "No todos mandaban los chicos a la escuela. Por un decreto se les permitió a los mayores asistir al colegio, pero se les reducía la edad", explica. Y agrega: "Tengo 52 años reales, pero en mis papeles tengo 49".En Costa de Marfil estudió inglés y francés en la Universidad Nacional. En la Católica cursó Filosofía y Ciencias de la Educación, en la Universidad Religiosa.Joseph cuenta que su familia era cristiana, aunque no católica. La mamá practicaba el animismo. "Esa religión no tiene un Dios único, creen en varios dioses y que las cosas tienen alma", explica Koua.Su papá falleció cuando él tenía 5 años y su mamá lo crió en sus creencias. Pero Joseph no estaba convencido y empezó a buscar respuestas que, explica, encontró en la Iglesia Católica. Así, ingresó a la congregación Clercs de Saint-Viateur. "Fui religioso 10 años, trabajando con los jóvenes", relata. A Valeria la conoció cuando llegó a África como misionera de la congregación Nuestra Señora de los Apóstoles, de Villa El Libertador, en Córdoba."Estuvo un año y no le gustó la forma en la que le hacían ver la realidad (…). Prácticamente por eso terminamos juntos. Las cosas que no le gustaban, tampoco me gustaban a mí", revela. "La Iglesia para mí sigue siendo el camino a seguir. No tengo nada en contra de los principios de la Iglesia. Aunque reconozco que hay gente que saca el gusto a otros que quieren trabajar como lo pide la Iglesia", remarca. Los primeros pasos Cuando decidieron una vida juntos, la pareja pensó en vivir en Costa de Marfil pero la familia de Valeria, cuenta Joseph, no estaba muy convencida de que se quedaran en África. Entonces viajó él, sin conocer el español. Hablaba con señas y su esposa le hacía de traductora. "Hoy en día, no hablo perfecto el castellano, pero me sé manejar, me hago entender. De hecho estoy estudiando Comunicación Social", sostiene.Aunque ingresar al sistema educativo no le fue fácil, desde hace una década Joseph da clases de inglés en dos colegios municipales: el Azor Grimaut, de barrio Comercial, y el Alicia Moreau, en Villa El Libertador. También en escuelas secundarias provinciales: el Ipem 298, el Ipem 345 y el Ipet 34.Apenas llegó, para ganarse la vida, Koua cortaba el pasto, con una máquina prestada, en Bialet Massé, donde vivían. Mientras, se promocionaba como profesor particular de inglés, con un cartel en la puerta de su casa. Así lo hizo, hasta que presentó sus antecedentes en la Junta de Clasificación.Finalmente, en 2004 entró al sistema educativo. Cuestiones culturales Joseph sintió el cambio cultural, aunque sostiene que todos los países tienen "cosas que sorprenden". "Uno es uno y crece con una realidad que en los otros mundos van a ser siempre diferentes. De ahí viene la sorpresa", remarca Koua. La escuela aquí, piensa el marfileño, es una continuidad de la vida, del juego… Todo se mezcla en el aula. "No es cuestión de orden. Yo veo la cosa del lado cultural. Los chicos vienen con una cultura y la debo respetar, yo no soy de acá. En mi país no va a pasar eso nunca porque uno ingresa y cada uno está sentado en su lugar. Y atiende la clase. Acá no", reflexiona.Y agrega: "Mi trabajo es educar. Y educar es ayudar a construirse, es eso. Yo busco que el chico pueda hacer su camino".A pesar de que Joseph dice no sentir discriminación en la Argentina, sí fue protagonista de episodios que atribuye a la ignorancia. Como cuando le gritan "negro" en la calle.En la escuela el color de su piel tampoco pasa inadvertido. Algunos niños "huyen" cuando lo ven y otros, por curiosidad, se acercan "para ver si pueden sacar la mancha negra" de su mano, se ríe Joseph."No me molesta; es así. Acá, en la escuela, yo represento como una fuente de conocimiento. No por transmitir, sino por mí presencia", sostiene. En otras palabras, los niños se acostumbran a ver a alguien diferente: la realidad les enseña.

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