El ilustrador de la fauna cordobesa
Jorge Warde trabaja en el Centro de Zoología de la UNC. Dibujó casi todos los animales de la provincia. En la tarea científica, descubrió su pasión artística: las aves.
Hace 39 años, Jorge Warde (65) ingresó a la ciencia y allí encontró su pasión artística: las aves. "Me voy a morir dibujando aves. Es mi pasión. Estoy todo el día con eso", dice. Warde es el ilustrador científico del Centro de Zoología Aplicada de la Universidad Nacional de Córdoba. Con su tío, Jorge Ábalos, eligió el sitio dentro del predio del Jardín Zoológico de Córdoba donde funciona lo que muchos conocen como el serpentario. Dibujó casi todos los animales de Córdoba, pero sólo tiene pájaros en la cabeza. –¿Por qué le gustan tanto las aves? –No sé. Algo tienen. Cuando no tengo que hacer, me pongo a pintar aves. Busco el material para documentarme. A pedido, puedo dibujar cualquier animal, pero a los pájaros las dibujo porque me gustan. Vivo de las aves, porque expongo y vendo cuadros en EE.UU. En Córdoba no me conoce nadie, pero allá me han premiado varias veces. Todas las especies que dibuja se las controla Manuel Nores, uno de los mayores expertos en aves de Argentina, que trabaja en el Centro de Zoología. Allí, Warde se encarga de ilustrar los trabajos científicos de los investigadores y de hacer los catálogos. Su última obra científica es una lámina con las especies de sapos que hay en Córdoba. –¿Cuáles fueron sus primeros trabajos científicos? –El primer trabajo fue el catálogo del Centro de Zoología para que se conozcan los animales que había. En aquella época, lo más fuerte eran las arañas y serpientes. También dibujé escorpiones. Veía que alguna pata tenía dos pelitos en la izquierda y para compensar le hacía dos pelitos a la derecha. Le agregaba detalles para que quedara mejor. Después venía mi tío y me decía: "¡Pero si esta especie no existe! ¡De dónde la sacaste!". Todo por querer hacerlo más lindo. –¿Ha cambiado la ilustración científica desde aquella época? –Lo único que hice nuevo es aplicar la técnica del pincel de un pelo en la ilustración científica. Las imágenes son casi fotográficas. No ha cambiado mucho. Todos preguntan por qué no la fotografía. La fotografía siempre tiene partes que están en foco y otras que no. La ilustración hace foco en todo. Además, el ilustrador trabaja con el científico y resalta las partes que son interesantes para la ciencia. –Está por jubilarse, ¿le gustaría seguir trabajando en el Centro de Zoología? –Sí, me gustaría. Pero ahora hay poco trabajo porque hacen mucho con la computadora. Toman fotos, los mapas, el diseño de los libros y los folletos. Antes, todo eso lo hacía todo yo. Dos nuevas arañasEn 1980, publicó un trabajo sobre dos especies nuevas de araña viuda negra descubiertas en Córdoba por Ábalos. Se llaman Latrodectus corallinus y Latrodectus quartus . "Un día llamaron desde la YPF de Monte Cristo porque habían encontrado cientos de arañas en los caños de la refinería. Dijeron que era negras con manchas rojas. Mi tío ya sabía que eran viuda negra", se acuerda. Pero Ábalos las comenzó a ver en el microscopio sin decir nada. Hasta que comentó: "Saben una cosa, a estas arañas no las conoce nadie en el mundo". La tarea luego fue describirlas en detalle para hacerlas conocidas en el mundo. "Había que desarmarlas parte por parte y dibujar cada una. Nunca ilustré cosas tan pequeñas. Ni se veían a simple vista. Había que usar el microscopio. Los dibujos tenían que ser exactos", recuerda. Tres anécdotasLuego, cuenta anécdotas: "Me traían las arañas muertas en alcohol y en una cajita de vidrio. Las iluminaba y observaba en el microscopio para dibujarlas. En algún momento me iba a buscar tinta o lapiceras y cuando volvía las arañas no estaban más. El calor de los reflectores evaporaba el alcohol, los bichos revivían y se escapaban". Otra vez estaba dibujando víboras. Toda la mañana en silencio. Cuando se levanta, siente un cascabel. "Me quedé paralizado. Estaba al lado mío, pero no veía la víbora. Estuve 15 minutos hasta que pasó alguien por la puerta. La enlazaron. Estaba a 40 centímetros de mi pie. Si hubiera estado más cerca, me mordía", recuerda. Y una tercera: "Estaba llegando temprano al Serpentario con otro muchacho. Veníamos bajando las escaleras y siento un ruido de ramas. Miro y era un oso pardo. Nos venía siguiendo. Salimos corriendo y nos metimos adentro. Mi compañero quiso asustarlo con una escoba, pero el animal se paró y le metió un manotazo a la escoba. Cerramos hasta que vino la gente del Zoológico a encerrarlo".

