La historia de los primeros en llegar a la tragedia en Rosario
Dos operarios, un par de albañiles, un taxista y un portero, héroes anónimos en medio de la desolación. Por nuestro enviado especial.
Rosario. Cuando a las 9.38 del martes la explosión sacudió a Rosario, Jorge y Sergio estaban a punto de instalarle el servicio de televisión por cable a un domicilio ubicado a dos cuadras de Oroño y Salta (Todo sobre la explosión en Rosario).
El estruendo y la inmediata humareda no le dejó margen para pensar a Jorge. Cuando se dio cuenta, ya había corrido los 200 metros y se encontraba trepado a una tambaleante escalera buscando abrazar a dos chicos ensangrentados del 5° piso que miraban desde lo alto sin entender. Jorge, dice ahora, tampoco comprendió mucho cuando miró hacia abajo y notó un tanque de agua en el suelo.
"Acá falta un edificio", dijo y empezó a dimensionar la magnitud de la explosión.
Él, junto a un taxista, un portero vecino y dos albañiles de una obra del sector, empezaron a bajar a los vecinos de la primera torre, que entre el pánico y el aturdimiento no se daban cuenta de que el monoambiente que habitaban hasta hacía segundo estaba desecho. Los muebles, electrodomésticos y balcones estaban amontonados en el piso del edificio. Las paredes, resquebrajadas, parecían de papel.
Sergio reaccionó unos minutos después. "Entré por la playa del supermercado ‘La Gallega\' (ubicado sobre bulevar Oroño) y, tras pasar por una pirca llegamos a la parte de atrás de las torres. En la pirca, el techo del súper, había gente muerta. De los escombros se levantaban otras personas. Por suerte, los albañiles fueron con arneses y piolas, y juntos bajamos a una mujer que se había quebrado la mano", recuerda ahora, sin poder abandonar el lugar donde la tragedia también a él lo marcó para siempre.
Fueron ellos, los primeros rescatistas. Héroes anónimos que, por instinto, se introdujeron en un lugar donde las paredes pendían casi como barriletes y las lenguas de fuego continuaban alimentándose del gas liberado. Sin más herramientas que la voluntad, ayudaron a rescatar a varios habitantes de las torres, hasta que minutos después llegó la primera autobomba.

