"Habiendo escaleras..."
Hay avisos sin lógica, como en Los Cocos: "Por favor no pasar, si no sabe leer pregunte en la boletería". Juan Carlos Carranza.
Los carteles, luminosos, de cartón, de chapa, escritos a mano, con tiza o fibrón, reflejan ciertamente cómo somos, muestran nuestras emociones, nuestra necesidad de transmitir algo, y actúan como un prisma con el que podemos conocer muchas cosas sobre nosotros mismos: grado de instrucción, intenciones, disponibilidad, estados de ánimo, humor...
El clásico cartel en algunos edificios de departamentos: "Habiendo escaleras, el consorcio no se responsabiliza por los daños ocasionados por el uso del ascensor", está advirtiendo veladamente de un riesgo, del que no se está dispuesto a asumir ninguna responsabilidad, lo cual resulta una excusa inaceptable. Un imaginario cartel de los usuarios contestaría: "Ya que se ha montado un ascensor, por qué no garantizan su buen funcionamiento y evitan que !subamos o bajemos con miedo a que se caiga!".
En Buenos Aires, quienes le pusieron el ojo al tema de los carteles urbanos fueron tres amigos publicistas, Machi Mendieta, Gastón Silberman y Esteban Seimandi, creadores de Proyecto Cartele, en 1996. Es un archivo fotográfico que compila imágenes de carteles de todo el mundo, cómicos, sorprendentes, absurdos y con errores ortográficos. Este proyecto generó, además, una página web (www.proyectocartele.com), en la que el público puede participar enviando sus fotos. En 2001 salió el primer libro (Cartele), que fue un éxito editorial, al igual que las exposiciones que se hicieron.
¡No se detenga...! En los años de plomo, en la última dictadura militar, uno de los carteles que muchos guardan en su memoria, por lo absurdo y por el escozor que causaba, era el que decía: "No se detenga, el centinela abrirá fuego". Quienes vieron ese letrero de niños, aseguran que rogaban para que al auto de papá no se le pinchara una goma o tuviera algún desperfecto que lo obligara a detener la marcha.
Así como los carteles reflejan de algún modo el pensamiento dominante de una época, también dicen sobre el estado de ánimo de la gente. En Bolivia, los dueños de casa, cansados de que estacionen frente a su garaje, escribieron: "No estacionar, pincharemos".
En Los Hornillos, en Traslasierra, los propietarios de un comercio también quisieron ser elocuentes con su mensaje: "Abierto de martes a domingo de 9 a 21, lunes está cerrado, no llame al pedo".
Otros avisos no tienen lógica, como el cartel de un centro turístico de Los Cocos, en Punilla, "Por favor no pasar, si no sabe leer pregunte en boletería". En la localidad santafesina de San Guillermo se apela a la solidaridad de los automovilistas: "Conduzca con prudencia, en este pueblo no sobran niños".
En una repartición cordobesa de asistencia a víctimas de la violencia familiar había un cartel despistado: "Programa de Violencia Familiar, golpee y será atendido".
Así como éstos hay miles, sólo basta ponerse a mirar.

