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Ciudadanos

Opinión. El femicidio de Agostina: nosotras no buscamos muertas, buscamos vivas

Cuando una menor desaparece, para su entorno el reloj corre distinto que para el Estado.

02 de junio de 2026, 21:51
Colectivo Ni Una Menos Córdoba
El femicidio de Agostina: nosotras no buscamos muertas, buscamos vivas
Se extiende el reclamo por justicia por el femicidio de Agostina Madeleine Vega.

Agostina Vega tenía 14 años cuando salió de su casa con vida. Suficiente razón para volver. Pero no volvió.

Cuando una menor desaparece, para su entorno el reloj corre distinto que para el Estado.

Nosotras activamos la difusión de inmediato: corroboramos la denuncia, contactamos unidades judiciales, replicamos datos en redes.

Y en este caso, como en tantos otros, fuimos los colectivos feministas quienes pusimos la foto de Agostina en circulación antes que los mecanismos oficiales.

Fue esa difusión la que permitió que el remisero que la había trasladado reconociera su rostro y aportara datos a la investigación.

No puede salir un pedido de difusión de una organización civil antes que el aviso del Alerta Sofía. Eso no es un detalle: es una falla estructural del sistema de protección de niñas y adolescentes.

Pero los errores y omisiones en el protocolo de la búsqueda no empezaron con la desaparición de Agostina.

El imputado por su femicidio tenía denuncias previas por violencia de género y estaba libre.

No es la primera vez que esto ocurre: un varón con antecedentes de violencia circula sin restricciones, sin seguimiento, sin que el sistema active ninguna alerta hasta que comete un crimen irreversible.

Ante esto, nosotras nos preguntamos: ¿por qué la palabra de quienes denunciaron antes no fue suficiente para proteger a Agostina?

Esperamos que la Justicia de Córdoba la responda.

La antropóloga Rita Segato lo nombra con precisión: el patriarcado no opera sólo en la violencia individual de un varón contra una mujer, contra una infancia, contra una identidad diversa o feminizada.

Opera en la jerarquía masculina y la lealtad corporativa que atraviesa las instituciones. Opera cuando un juez minimiza una denuncia. Cuando un fiscal no actúa con celeridad. Cuando el sistema le cree más a los victimarios que a las víctimas. Cuando se suelta a un hombre con historial de violencia porque se lo considera funcional en la sociedad. Esa lealtad corporativa tiene consecuencias concretas sobre el cuerpo de mujeres, infancias y diversidades.

Mientras esto ocurre, el Gobierno nacional lleva adelante una agenda que niega la violencia de género, con lo cual desfinancia políticas públicas e intenta invertir las categorías.

Los programas de prevención, atención y acompañamiento a víctimas de violencia están siendo desmantelados en nombre del ajuste.

Y, como si eso fuera poco, impulsa el proyecto de ley de "falsas denuncias" de la senadora Carolina Losada: una iniciativa que busca deslegitimar la palabra de las víctimas y blindar a los violentos.

Hablar de falsas denuncias como problema urgente mientras matan a una mujer cada 31 horas en Argentina no es un error de diagnóstico: es una decisión política.

Tampoco olvidamos que intentaron poner en discusión la eliminación del agravante de femicidio del Código Penal. Pretenden subestimar el problema y borrar el reconocimiento de que hay crímenes que se cometen contra las mujeres, niñas y disidencias por el solo hecho de serlo.

Desde Ni Una Menos Córdoba lo decimos sin vueltas: cuando contamos femicidios y transfemicidios, ya llegamos tarde.

La discusión que importa es otra: cómo prevenimos, cómo acompañamos, cómo anticipamos. La discusión es qué hace el Estado cuando una mujer denuncia, cuando una familia busca a la adolescente que no volvió a casa, cuando una mujer trans es violentada. Y al agresor, ¿cómo se lo monitorea y cómo se lo trata? La violencia de género no empieza con un femicidio que nos estalla en la cara: empieza con la violencia simbólica que la invisibiliza, con la económica que la atrapa, con la institucional que no le cree.

Nosotras no buscamos muertas. Buscamos vivas. Vivas se fueron, vivas queremos que vuelvan.

Herederas de una lucha histórica, a 11 años del primer Ni Una Menos este #3J salimos una vez más.

Marchamos con una bandera cada vez más grande que lleva impresos los nombres de las víctimas de femicidio y transfemicidios en Córdoba desde 2015. Con el nombre de Agostina. Con el de todas.

Nos mueven la bronca y el dolor. Salimos porque son crímenes evitables. Salimos porque estamos hartas de que lleguen tarde. Y porque, mientras los poderes nos ningunean o nos piden calma, nosotras y toda una sociedad seguimos buscándonos vivas. Ni Una Menos. Vivas, libres y seguras nos queremos.

Número de la línea telefónica de violencia de género.
Número de la línea telefónica de violencia de género. ((La Voz))