Faltan tampones, pero hay papel higiénico
“No hay tampones. Acá va a correr sangre”, tuiteó un creativo usuario hace pocos días, ante la faltante de un producto bastante necesario para las mujeres, en especial en verano.
"No hay tampones. Acá va a correr sangre", tuiteó un creativo usuario hace pocos días, ante la faltante de un producto bastante necesario para las mujeres, en especial en verano. Al parecer, sin ese implemento se hace difícil usar malla, ir al río, a la playa o salir a caminar por una montaña si esos días son, justamente, "esos" días.Ni hablar de las consecuencias que esa situación puede tener en el humor que, ya de por sí, a veces se trastoca un poquitín en "esos" días.Más allá de que ese faltante responda a determinada política aduanera del gobierno nacional, y amén de las críticas que eso pueda generar, es interesante descubrir cómo las decisiones que toman funcionarios sentados en oficinas con aire acondicionado –que en esta oportunidad seguramente son hombres– pueden afectar la vida cotidiana de muchas.Por supuesto que no es cuestión de vida o muerte. No se trata de la escasez de productos básicos como azúcar o leche, pero es una muestra interesante de algunos desaciertos que, en el caso de otro tipo de insumos, como los industriales, tienen consecuencias más graves. Por suerte no hay indicios de riesgo de faltante de papel higiénico, una crisis que hasta 2013 tuvo en vilo a Venezuela. Ahí sí nos quiero ver: no hay diferencias de género ni raza ni religión en el uso de ese producto de indiscutible primerísima necesidad.La falta de tampones en Argentina y la de papel higiénico en Venezuela tiene causas distintas –acá es por trabas a la importación y allá fue por conflictos con los fabricantes–, pero algunos ingredientes comunes que vuelven curiosa la analogía. La desconexión con el mundo –en comparación con la apertura de los demás países latinoamericanos en los que, por ejemplo, no hay cepo cambiario– no es sólo una política que tiene partidarios y opositores. Es una decisión con consecuencias.El tampón no es un lujo. Su falta es, es todo caso, una curiosidad mundial que sirve para explicar otras falencias, más profundas. Como la loca inflación que devora la capacidad de los trabajadores para comprar ese y muchos otros productos.A muchos partidarios ultraoficialistas les gustaría transformar a ciertos diarios en rollos de 72 metros aptos para cumplir funciones distintas a la de la lectura crítica. Lo intentan, pero con otras estrategias.Movimientos como el kirchnerismo o el chavismo se podrán meter en el corazón de mucha gente, pero es complicado cuando se trata de otras partes del cuerpo.

