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Falló el sistema

Los jueces aplican la ley, pero el proceso oral tiene las virtudes de poder ver numerosas particularidades que van más allá de la fría letra del código. 

01 de julio de 2014 a las 12:02 a. m.
Falló el sistema

"Triste", "apenado", "dolido". Estas eran las expresiones que ayer utilizaba para reflejar su estado el camarista del crimen Alberto Crucella, uno de los que en 2012 condenó a Molina a prisión en suspenso. Pero el vocal estaba con la "conciencia tranquila" porque todo lo hecho antes y durante el juicio fue paradigmático por su corrección. A su lado, la fiscal de Cámara María Inés Ferreyra se mostraba igual de atónita ante el nuevo femicidio. Molina no tenía ningún tipo de antecedentes, llegaba con una acusación sustentada por una pericia psiquiátrica que indicaba que había actuado en estado de emoción violenta. La descripción de esta personalidad se completaba con testimonios que hablaban de que jamás hubo problemas con su pareja y que hasta había adoptado a los hijos de ella como propios.Los jueces aplican la ley, pero el proceso oral tiene las virtudes de poder ver numerosas particularidades que van más allá de la fría letra del código. Nadie de los que estuvieron presentes en ese debate imaginó que Molina podía volver a matar a otra mujer. Lo que vieron en ese juicio fue una reacción desmedida pero aislada. La primera pregunta que surge es si todos los miembros de esta cadena, desde la instrucción hasta el juicio, fueron "engañados". Si estuvieron frente a un psicópata que logró engañar a los más expertos y experimentados. Las constancias del debate y la letra de la sentencia no muestran fisuras en cuanto a la personalidad del condenado. "Jurídicamente, se hizo todo lo posible e imposible; lo trajimos y no hubo forma de variar la acusación", comentó ayer un resignado Crucella. "Hubo circunstancias inéditas para la psiquis del acusado" ya que se sintió "cuestionado como hombre", repasó la fiscal Ferreyra al leer las pericias. La acusadora recordó que habían transcurrido cinco años entre el crimen y el juicio y que en ese lapso el acusado se comportó de manera ejemplar.En su última palabra previa a la sentencia, Molina lamentó el daño que le había ocasionado a tanta gente, en especial a su familia. Y concluyó: "Cometí un error del que nunca se vuelve". Ante esto, se plantea la necesidad de que la Justicia revise cada uno de sus engranajes y procedimientos, porque es indudable que el sistema tiene sus fallas. Y algunas cuestan vidas.