Fabiana Pressacco: El arte y las palabras pueden sanar y nutrir a la infancia
Es psicopedagoga y escribe cuentos para hablar de lo que les pasa a niños. Aborda miedos, angustias y tristezas. “Atrapasueños” y el ovillo azul
“Las teorías hablan de una nueva configuración de infancia, pero, en realidad, hay una nueva configuración de todo. Hay adultos que trabajan más tiempo y que se quedan dormidos si les leen más de tres hojas de un cuento a sus hijos. No es una crítica a los papás actuales, pero sí es una realidad. Creo que hay que abrazar esa realidad y ver dónde ponemos la lupa para acompañar la infancia a la luz de lo que están necesitando. Son niños que vienen muy despiertos, muy estimulados en algunos aspectos y poco estimulados en otros. Estas épocas implican a adultos más atentos. En la vorágine que vivimos, me parece que el niño emerge dando una alerta que, a los papás y a los adultos, se nos está pasando”.
Así explica Leandra Fabiana Pressacco (49), psicopedagoga y autora cordobesa de cuentos infantiles hasta ahora inéditos, cómo observa la infancia y por qué decidió acercarse a los niños desde el arte y las palabras.
Leandra cuenta que siempre sintió una especial inclinación por la infancia. “Amo a los niños. Desde los 15 años cuando me bajé del colectivo al volver del Carbó y me inscribí como voluntaria en un hospital… Estuve cuatro años de mi adolescencia fascinada con lo que estaba descubriendo”, cuenta, en el luminoso living de su casa lleno de acuarelas.
Primero, se recibió de analista de sistemas y, como docente de informática y tecnología, se enamoró de la escuela pública. Luego, estudió psicopedagogía y se dedicó de lleno a los niños.
En el año 2000 se acercó al arte y a los pinceles, además de continuar engordando su diario personal. Cuenta que era como un salvavidas en momentos de tristeza.
Tiempo después se sucedieron una serie de muertes cercanas a los alumnos con los que trabajaba. Entonces, Leandra comenzó a preguntarse cómo ayudar. Y pensó en reeditar la estrategia artística, que la había sanado en momentos de angustia personal.
“Ese año de pérdidas buscaba cómo ayudarlos a través de imágenes y en palabras, con escritos cortos. Esa idea me rondó como un año”, cuenta Leandra. La idea fue nutrir con otros nutrientes.
Así, las imágenes comenzaron a emerger en páginas en blanco para mitigar tristezas y angustias. “Comencé a replantearme mi vínculo con las infancias desde el arte y desde las palabras. Después fui descubriendo otros materiales, las tizas, el vellón”, cuenta.
Mundo autodidacta
En ese proceso comenzaron a surgir las historias y con ellas los dibujos. Se gestaron los cuentos, en un mundo autodidacta, sin bosquejos ni andamiaje previo. Luego, dio forma, casi sin querer, a los personajes en vellón. La fantasía tomaba cuerpo propio.
“Se me empezaron a presentar historias breves que yo veía que les podían servir a los niños como nutrientes para su infancia”, insiste Leandra. “Los cuentos hablan de miedos, angustias, tristezas, pérdidas, de vivencias de la infancia que son cotidianas, que pasan con poca mirada del adulto. Nos cuesta a los adultos comprender que detrás de un llanto o de un enojo hay algo más”, cuenta Leandra.
Las historias, dice, son una mezcla de sus vivencias personales, de su experiencia como psicopedagoga y de la realidad.
“Los cuentos son para los niños. Pero también hay temáticas que no son sólo de la infancia. ¿Cuántos adultos se siguen mirando el ombligo como el elefante Pichakú (uno de los personajes)? ¿Y cuántos necesitamos el andamiaje de otro que teja el vínculo?”.
Los cuentos van acompañados de una versión que ayuda a reflexionar a los papás sobre lo que le puede estar pasando al niño. Pressacco dice que no es una interpretación de los relatos, sino una lectura desde la mirada adulta.
Como un alquimista
Los cuentos hablan de cosas tan simples como complejas: cómo las vivencias del día ayudan a descansar tranquilos, por ejemplo, o de la necesidad de “aburrirse” para crear.
“A veces los papás cuando ven tranquilo al niño, le dicen: ‘¿Querés ir a comprar algo?’; ‘Comé’; ‘Hace esto’; ‘Poné una película’. Hay que dejarlo tranquilo porque la creatividad está ahí. Si la tapamos no va a emerger”, plantea Pressacco.
Leandra asegura que un cuento permite al niño sentirse identificado, le posibilita recrearlo y nutrir su mundo interior. ser como una especie de alquimista.
Por eso, algunas de las imágenes que acompañan las historias están difusas, sin terminaciones definidas. La intención es que el niño las complete, las vista según lo que sienta o piense de ellas.
El personaje del cuento, ¿está contento o está triste? Depende de cómo se lo mire.

