Encuentro. Eventos para hacer amigos después de los 50: la excusa necesaria para volver a conectar
ConectaMos Córdoba organizó su primer evento dedicado a personas mayores de 50 años. Entre risas, miedos y desafíos personales, los testimonios muestran que no todos van en busca de alguna compañía que les falta, sino de algo más.
Un miércoles frío de julio, unos 32 desconocidos se encontraron en un café en la zona norte de la ciudad. Lo único que los unía antes de esa tarde era su edad: la actividad iba exclusivamente dirigida a personas +50.
En la juventud, es común que conocer gente nueva se dé de manera natural o espontánea: la facultad, las salidas, el trabajo nuevo generan cruces todo el tiempo. Cuando llegan la adultez y luego la tercera edad, estos espacios se achican: la rutina ya está armada, el círculo también, y hacer nuevas amistades deja de ser algo que simplemente pasa.

En este contexto, ConectaMos Córdoba organizó su primer evento para mayores de 50 años y tuvo una gran convocatoria: las dos meriendas que se realizaban de manera simultánea reunieron a 70 personas en total. Aproximadamente, unas 15 personas tenían entre 63 y 65 y el resto, entre 50 y 60.
Incluso varias personas no eran de la ciudad de Córdoba y habían venido específicamente para esto.
ConectaMos se dedica a facilitar espacios de encuentro y experiencias que apuntan a generar nuevos vínculos en la vida real.
El licenciado en Psicología Diego Ruiz atribuye el auge de estos eventos a que, aunque atravesamos un momento en el que estamos aparentemente más conectados, cada vez nos sentimos más solos.
“Antes el trabajo, la iglesia, el barrio y el club eran grandes espacios de sociabilización. En cambio hoy estamos cada vez más metidos dentro de las pantallas y cada vez más aislados”, sostiene.
Martina y Agustina, parte del equipo, cuentan que esta iniciativa en particular se organizó puramente a demanda: “No solemos segmentar de forma tan estricta por edad, y si bien hacemos eventos +40, por ejemplo, nos venían pidiendo muchísimo hacer algo específicamente +50”, cuenta Agus.

Ruiz participó en el desarrollo del estudio de la soledad no deseada, el cual arrojó que casi el 60% de los adultos mayores de Córdoba presenta niveles moderados de soledad: “Si bien los estudios son +60, este resultado nos permite comenzar a pensar en que, a medida que avanza la adultez, se padece mucho más la soledad”.
El profesional relaciona este fenómeno con situaciones que tienen que ver con la jubilación, con el nido vacío, con la reducción de espacios de sociabilidad, entre otros.
De cualquier modo, insiste en que hay personas que no están “solas”, sino que simplemente desean ampliar su círculo e ir en busca de nuevos vínculos.
Los que se animaron
Mientras tanto, en el bar Los Cubanitos, las charlas parecían ser de personas que se conocían de toda la vida. Risas, abrazos, regalos, propuestas de conexión y un salir de la zona de confort innegable.

Para Carina, de 55 años, esta merienda fue la quinta experiencia en ConectaMos. Según cuenta, luego de haber atravesado situaciones personales, le aconsejaron tejer nuevas redes y forjar nuevas amistades: “Estaba medio sola. Yo jamás pensé que podría hacerme amigos de esta forma y me parece hermoso”.
Sobre separar la convocatoria por edad, aunque dice que se adapta a lo que sea, admite que se siente más a gusto con que la edad mínima sea 50: “Me gusta más. Me siento más cómoda porque en otros eventos a veces soy de las más grandes y no me gustaría que piensen ‘¿qué hace esta vieja acá?’”.
De los 32 anotados a esta merienda, sólo tres eran varones, entre ellos Osvaldo. Ruiz no se sorprende: los estudios sobre soledad no deseada arrojaron una proporción similar, de siete mujeres por cada tres hombres en este tipo de espacios de participación. “A los hombres les cuesta mucho más reconocer su soledad, reconocer su vulnerabilidad”, explica.
Osvaldo tiene 70 años y esta fue la primera vez que asistió a un evento del grupo. La primera vez que vio en Instagram una de las propuestas aún no se animaba a dar el paso, hasta que dio con la merienda +50. “Es una oportunidad perfecta para conectar con personas interesantes, motivadas, de otros ámbitos y que, quizás por la edad, tengan intereses parecidos a los míos”, sostiene.
“El imaginario tradicional de alguien entre 50 y 70 años es alguien concentrado en lo laboral y en lo familiar cuando en realidad hoy encontramos personas de este grupo etario con otras características, intereses e ideas sobre la vida; por esto no sorprende que estén en la búsqueda de este tipo de actividades”, afirma Ruiz.

Daniela, de 60, sonríe y cuenta que un día vio el post en Instagram, se anotó y pagó la merienda, sin darle muchas vueltas: “Está bueno salir de los esquemas sociales que tenés… Los +50 somos muchos más de los que uno cree, que estamos un poco a la deriva, con hijos grandes o lejos de casa… algunos divorciados. Esta forma de vincularse me parece muy positiva y muy viable”.
Aun así, entre los presentes, el miedo inicial se repite casi como una constante.
Para el profesional de la Psicología, este tipo de actividades implica esfuerzos y una exposición distinta que, por ejemplo, actividades recreativas. Más que buscar compañía, muchos de los asistentes hablan de la necesidad de ampliar su mundo cotidiano.
Ruiz agrega una idea: no alcanza con la cantidad de vínculos que uno tiene, sino con la calidad. Muchas personas mayores dicen tener redes, pero sienten que no son escuchadas, que no encuentran con quién hablar de lo que les pasa.
Cada vínculo nuevo permite desplegar un rol distinto, presentarse de otra forma. “No es que estés solo; tenés tu red, tus vínculos, pero querés incorporar algo que te mueva de otro lugar”, señala.

Adentrada la tarde, mientras las organizadoras observan que las conversaciones ya no necesitan ayuda para sostenerse, Daniela resume el desafío que la llevó hasta esa merienda: “Estoy en medio del océano, ¿cómo hago para no ahogarme? Lo tengo que resolver yo”.

