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Eugenio y los reales que no consigue

Eugenio tiene 34 años, está casado y tiene una hija. Trabaja unas 11 horas diarias arriba del taxi y disfruta una filosofía que, para él, no admite objeción: vivir bien. Laura González.

30 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Eugenio y los reales que no consigue

Eugenio tiene 34 años, está casado y tiene una hija. Trabaja unas 11 horas diarias arriba del taxi y disfruta una filosofía que, para él, no admite objeción: vivir bien. Jamás le interesó el dólar porque han sido contadas las ocasiones en las que tuvo plata para ahorrar. Y cuando eso pasó, la gastó toda. Este año, y por primera vez en su vida, decidió viajar a Brasil. Le presta la plata un vecino del barrio, que hace de "banco" para todos aquellos que no tienen banco ni tarjeta de crédito. Es que Eugenio forma parte del pelotón del 35 por ciento de los trabajadores argentinos que no está registrado. Por lo tanto, es absolutamente invisible para la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip). Por eso, tiene dos opciones para salir del país de vacaciones: comprar en el mercado negro acá o cambiar sus pesos en Canasvieiras, sin saber desde acá cuánto va a perder. Hay una tercera opción: quedarse en Argentina y olvidarse de los problemas cambiarios. "Sueño con ir a Brasil, ¿viajan solamente los ricos? Ni mi señora ni yo tenemos recibo de sueldo, ojalá estuviéramos formales", se queja. El viaje, de 10 días y siete noches, le cuesta cuatro mil pesos por persona con media pensión. "Irme a Nono me costaba lo mismo", compara.Sale el miércoles. Le contaron que en la triple frontera los "arbolitos" se suben al colectivo y cambian reales por pesos a 3,10. En Córdoba, en una agencia de cambios, hace 10 días vendían a 2,77 con validación de Afip y, en el mostrador de al lado, a 3,50 pesos sin validación. Cuando él quiso comprar, ya se habían acabado los reales en Córdoba. No tiene chances de acceder al "oficial" de 2,57 pesos, que con el 15 por ciento –para quien no lo recupera– le quedarían en 2,955 pesos.Lo de la invisibilidad de Eugenio es palpable. De hecho, en los últimos 14 meses, lo único que ha hecho la Afip es endurecer el cerco de los que están adentro: validación según capacidad contributiva, autorización sólo para viajes debidamente justificados, venta de la divisa del país de destino y no de dólares, obligación de las agencias de turismo de informar a la Afip cuando venden un paquete y ahora, cada vez que vendan un pasaje de avión, barco o colectivo. Que los bancos informen los gastos con tarjeta de débito de más de tres mil pesos, que informen los gastos con las tarjetas en el exterior, que informen si las cuentas tienen más de 10 mil pesos...¿Y los que están afuera? ¿Y la informalidad que no cede, pese a que la Argentina ha casi duplicado su economía? ¿Por qué el 60 por ciento de las compras se sigue pagando con plata? ¿Por qué Afip no camina un poco más afuera del gallinero? Los controles cambiarios –que se combinan con restricción a las importaciones y con prohibición de girar dividendos– han evitado achicar la fuga de divisas, en un contexto en el que las reservas del Banco Central igual cayeron siete por ciento en 2012. Afip no ha hecho más que dictar resoluciones que atacan siempre el mismo árbol, sin pensar en una solución que resuelva el caos del bosque.