Temas del día:

Estuvo a punto de quedarse con un boleto ganador

Desde hace 30 años, José Luis Gutiérrez (69) se establece diariamente en la esquina de Ituzaingó y San Jerónimo. 

06 de octubre de 2013 a las 12:40 p. m.
Estuvo a punto de quedarse con un boleto ganador
José Luis Gutiérrez. Pudo haber ganado, pero vendió el boleto (Ramiro Pereyra/La Voz).

Es el lotero de los bancarios y por eso sufrió el cierre de los bancos Israelita y de Italia, como así también la “pasividad” en la banca oficial.

De ahí no se mueve, menos el día de los sorteos “porque tiene clientes fijos que son muy fieles. Algunos se han jubilado y me siguen comprando y también hay hijos de esos clientes que siguen la costumbre de sus mayores”.

“Cacho” Gutiérrez encontró de grande su oficio, porque de joven trabajo en el Correo “hasta que perdí como en la guerra” en un de las tantas reestructuraciones que se hicieron en ese ente oficial, se lamenta.

Cómo mensajero en bicicleta, fue testigo de los grandes sucesos como el Cordobazo, el Viborazo y el tiroteo del ‘75 en la Plaza San Martín.

“Había que entregar los telegramas y la correspondencia más allá de cualquier dificultad”, recuerda.

Siempre vivió en barrio Hipólito Yrigoyen de donde viene cada mañana a su “parada escritorio” de la zona bancaria.

Considera que la Lotería de Córdoba debería reconocerle todo lo que hace por mantener la distribución y el prestigio de los sorteos. “Es muy importante la cantidad de números fijos encargados y como los clientes son muy cumplidores se los guardo hasta tres o cuatro sorteos. Ellos saben que su billete participa, aunque no hayan venido a buscarlo a tiempo”, se vanagloria.

Casi millonario
 Su experiencia como lotero lo llevó a vender una ‘grande’ de la Lotería de Córdoba, cuyo boleto estuvo a punto de dejársela para él.

“No lo había podido vender; hasta que me llaman de un hotel cercano porque había unos mieleros mendocinos que querían comprar un número. Se los vendí y salió con ‘la grande’. Me extrañó que no vinieran a darme ni las gracias. A los dos meses fui al Banco Israelita a visitar mis clientes y los felices mendocinos, médicos los dos, me reconocieron y me dieron unos pesos. Me explicaron que no tuvieron tiempo de visitarme porque cobraron el premio, hicieron unas operaciones comerciales y se fueron a seguir la luna de miel en Europa. Nunca los pude olvidar”, concluyó.