Salado. Un estudio revela quién usa más el salero y por qué ese hábito aumenta el riesgo de hipertensión
La investigación detectó diferencias por género y hábitos que influyen en el consumo de sal, un factor clave en enfermedades cardiovasculares. Cuánta sal consumen los argentinos y cuál es la ración ideal.
El hábito de agregar sal a las comidas ya servidas sigue siendo más frecuente entre hombres mayores que entre mujeres y puede aumentar el riesgo de hipertensión y otras enfermedades, según un estudio internacional basado en más de 8.300 adultos.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Public Health, analizó datos de personas de 60 años o más y encontró que el 12,7% de los hombres añade sal en la mesa, frente al 9,4% de las mujeres.
Un hábito con impacto en la salud
El consumo excesivo de sal está asociado a hipertensión, enfermedades cardiovasculares y renales, además de deterioro cognitivo. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar los 5 gramos diarios.
En ese contexto, la sal añadida después de la cocción, es decir el uso del salero, representa entre el 6% y el 20% del total ingerido, lo que la convierte en un factor relevante para la salud.
El estudio identificó que los hombres presentan un patrón más uniforme: pocas variables influyen en su hábito de agregar sal. Sin embargo, se detectaron dos factores clave.
Por un lado, los hombres que viven solos tienen un 62% más de probabilidades de usar el salero. Por otro, aquellos que siguen una dieta para controlar la hipertensión reducen significativamente este comportamiento.
En las mujeres, en cambio, el consumo de sal está más condicionado por factores sociales y alimentarios.

Dieta y entorno, claves en mujeres
Las mujeres que no siguen dietas para controlar la presión arterial tienen un 68% más de probabilidades de añadir sal. Además, vivir en zonas urbanas o consumir alimentos ultraprocesados duplica ese riesgo.
En contrapartida, una alimentación rica en frutas y verduras reduce notablemente la tendencia a usar sal adicional: hasta un 81% menos en el caso de frutas y un 40% menos con verduras.
Los investigadores señalaron que añadir sal no siempre responde a una mejora del sabor, sino a un hábito adquirido.
El consumo frecuente de alimentos con alto contenido de sodio puede disminuir la sensibilidad al gusto salado, lo que lleva a buscar sabores más intensos.

Estrategias para reducir el consumo
El estudio sugiere que las campañas de salud deben adaptarse a distintos grupos poblacionales, teniendo en cuenta diferencias de género y estilo de vida.
Entre las recomendaciones se destacan el uso de hierbas y condimentos naturales como alternativa, así como evitar colocar el salero en la mesa de forma habitual.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina el consumo de sal por persona ronda los 12 g diarios, esto es 4718 mg de sodio. La OMS recomienda que los adultos consuman, por día, hasta 5 gramos (poco menos de una cucharadita) de sal de todas las fuentes.




