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Esperar, ¿hasta cuándo?

Ya no son señales de alarma. Hay un drama lacerante, estructural, instalado y cada vez más solidificado en la sociedad. La venta de drogas y el accionar policial, los principales temores barriales.

17 de marzo de 2014 a las 01:45 p. m.
Esperar, ¿hasta cuándo?

Ya no son señales de alarma. Hay un drama lacerante, estructural, instalado y cada vez más solidificado en la sociedad.

Ayer, en las páginas de este diario se mostró una encuesta cuyos resultados no merecían mayor análisis: el 29 por ciento de los adolescentes consigue droga en la escuela. Ahora, otra encuesta, más informal, pero con la misma carga de denuncia: los vecinos están saturados del narcomenudeo. Cada reclamo es mucho más que un llamado de atención. Es un grito de auxilio que espera una solución urgente.Pero, a la luz de los discursos, deberán esperar y seguir soportando. Cruzar los dedos para que los chicos no continúen en el consumo, tentados por una oferta demasiado accesible.Córdoba recién está debatiendo si tendrá una fuerza especial antidrogas. Mientras tanto, la división de Lucha Contra el Narcotráfico, en proceso de desguace, sigue siendo casi la única fuerza con la que cuenta la Provincia para los operativos que los vecinos reclaman. Tras la caída de su entonces máxima autoridad, Rafael Sosa, en septiembre y por el llamado "narcoescándalo", esta área sensible y clave en cualquier organigrama de seguridad terminó sumida en un naufragio del que aún no logra salir.A partir de la caída de Sosa, sobre el que pesan acusaciones que golpean en el corazón de la fuerza, primero se conocieron pedidos de licencia o de carpetas psiquiátricas de los que se suponía iban a ser sus sucesores naturales. Luego, una purga sin antecedentes en la Policía y la asunción de un nuevo jefe que, según prometían, iba a encauzar la división. Pero duró poco: partió junto al resto de la Plana Mayor casi 80 días después, tras los saqueos. Otra vez hubo que buscar reemplazante, en este caso el comisario mayor Abel Díaz, quien hace poco fue nombrado como uno de los jefes de Seguridad Capital y abandonó el antinarcotráfico.A todo esto, en el plano nacional, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, fracasa en la lucha contra los narcos con los mismos discursos de siempre. Repite, como si fuera necesario, que para dar una batalla seria se debe lograr que todos los sectores trabajen de manera coordinada; instala el infértil debate de si el país es tránsito, consumo o producción en el mapa de la cocaína; plantea que los radares son efectivos y que las fronteras son difíciles de controlar. Palabras vacías ante un reclamo lleno de urgencias.