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“Escucho un fagot y escucho a mi viejo”

De chico, Amadeo acompañaba horas enteras a su papá en el estudio, mientras ensayaba el fagot. Además, fue a la Escuela de Niños Músicos Herbert Diehl, en Nueva Córdoba.

18 de junio de 2017 a las 12:01 a. m.
“Escucho un fagot  y escucho a mi viejo”
Alejandro y Amadeo. Son vientistas en la Sinfónica. (Ramiro Pereyra)

Alejandro Aizenberg, su esposa Mimi y el hijo de ambos, Amadeo, son vientistas y tocan en la Orquesta Sinfónica de Córdoba: Alejandro, el fagot; Mimi, el oboe, y Amadeo, el corno.

De chico, Amadeo acompañaba horas enteras a su papá en el estudio, mientras ensayaba el fagot. Además, fue a la Escuela de Niños Músicos Herbert Diehl, en Nueva Córdoba. “Empezó con el piano, y nosotros veíamos que tenía facilidad y le gustaba. Le propusimos el corno porque es un instrumento que poca gente toca; es muy hermoso y bastante difícil”, cuenta Alejandro, de 58 años.

“No era importante el corno para que sea músico, sino para tener una herramienta con la cual ganarse la vida y después elegir una carrera”, completa.

“Es un privilegio, no todo el mundo tiene la suerte de tener padres que sepan que la música es una posibilidad, un oficio”, dice por su lado Amadeo, de 23 años. “Es una herencia que implica un acto de apropiación, no se hereda naturalmente, no es genético, implica un esfuerzo y un compromiso”, agrega.

Salen juntos de casa a los ensayos de la orquesta, aunque aún no han tenido en común un proyecto de música. Amadeo hizo algo de Psicología y ahora cursa materias de Filosofía. Y en el campo de la música, indaga otras vetas, como la gitana, la klezmer y la judía. “Me imagino todo el tiempo haciendo otras cosas”, anticipa. “Pero la música es un tutor que te estructura la vida, te da un orden, una referencia”, dice. De su papá admira la entrega. “Yo escucho un fagot y escucho a mi viejo”, dice.