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La epopeya de refundar un pueblo desaparecido

Playa Grande, en la costa de la laguna, fue tragada por las aguas hace más de 30 años. Varios vecinos están volviendo, empecinados en darle una nueva vida. Galería de fotos.

20 de abril de 2012 a las 06:01 a. m.
Mara Ludueña (Especial)
La epopeya de refundar un pueblo desaparecido
Frente a “la mar”. Horizonte pleno, en la costa de Playa Grande, sobre la enorme laguna que lentamente va bajando de nivel (La Voz).

No es una historia común que un pueblo desaparezca. Mucho menos lo es que décadas después se intente refundarlo. Esa historia están escribiendo en Playa Grande, un sitio en la costa de la laguna Mar Chiquita, en el norte cordobés, al que se accede por un camino rural, a 16 kilómetros de la localidad de Marull.Por ahora, no es más que eso: una playa grande, junto a "la mar". Pero algunos empecinados quieren que vuelva a ser el pueblo que alguna vez fue. El que desapareció cuando la enorme laguna creció, hace más de 30 años, y sus aguas se tragaran el hotel, la iglesia, las casas, la plaza...Playa Grande brilló con luz propia en la década de 1950, cuando atraía con sus carnavales y su fiesta patronal. Tenía algún ciento de habitantes y recibía turistas.Un día desapareció de la realidad, aunque no de los mapas, en los que sigue figurando. Volver a empezar. En los últimos años, con la laguna en lenta bajante, algunos decidieron porfiar el destino para hacerles honor a los mapas. Hoy, alcanzan los dedos de una mano para contar las nuevas casas de Playa Grande. Fueron levantadas en un terreno de siete hectáreas que Mario Gay entregó a cuatro familias para que regresaran y comenzaran a andar el sueño de que Playa Grande vuelva a ser.Mario, un brinkmannense de 90 años, no está sólo. Tiene el apoyo de su familia, y de los Carena, los Gagliardi, los Fissore y los Paolasso, gente de la zona que apostó por darle nueva vida al lugar.Mario contagió su amor por Playa Grande especialmente a Zuny Carena, que tomó como bandera la refundación del pueblo y hasta un libro son su historia acaba de publicar. "Ni luz tenemos". "Adoro Playa Grande, sé que no hay nada, ni luz tenemos, pero la paz que se siente no se encuentra en otro lado. Cuando el agua nos llevó la casa, yo le decía a mi marido que hay que pensar que la casa no está, pero todo lo que nos atrajo acá sigue estando: la mar, los pájaros, los colores de amaneceres y atardeceres, el silencio", apunta Zuny, muy convencida. Don Mario la complementa, con similar entusiasmo: "Así fue surgiendo la idea de volver a hacer casas en este lugar, al que alguna vez habíamos convertido en algo muy lindo".Cada fin de semana que este puñado de familias tiene libre, se los ve trabajando en este rincón de la quinta laguna salada más grande del mundo.Ahora están forestando para que los visitantes que lleguen en verano tengan renovada sombra. "Las compramos y plantamos entre nosotros", explica Mario, mientras su hijo Eduardo recorre la flamante plantación de palmeras, en la costa.El empuje por la vuelta les hace creer que, algún día no lejano, también volverán los turistas. De noche, desde la oscura tranquilidad de Playa Grande se ven las luces de Miramar, a cinco kilómetros en línea recta, y hasta escucharse los bocinazos de esa localidad también costera. Los vecinos dicen que si se agudiza el oído, hasta conversaciones lejanas se oyen."Así de limpio es el aire, así de limpio el silencio", apuntan poéticamente orgullosos.La conversación se entre corta, porque no se puede dejar de mirar la bandada de flamencos rosados que, ya caída la tarde, vuelve a la playa luego de haber pasado el día en la laguna.